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LA CRÓNICA DEL DÍA: El aguinaldo

Ha llegado otra vez esa temporada mística del año en la que mis compañeros de trabajo entran en un trance colectivo digno de estudio antropológico: la fantasía del aguinaldo salvador . Ese dinero mítico, mesiánico, casi bíblico, que , según ellos ,  llegará para redimir pecados financieros, sanar traumas infantiles y, si se administra con fe, resolverles la vida entera. Pero no,  no lo hará. Nunca lo hace. Pero qué bonito es verlos creer. Es un espectáculo anual. Puntual. Cíclico. Como las lluvias o mis ganas de renunciar. Empieza más o menos en octubre, cuando alguien menciona en voz baja la palabra aguinaldo , como si fuera un secreto  pero con intereses. A partir de ahí, todo se descompone. Las conversaciones ya no giran en torno al trabajo, sino a proyecciones financieras que ni Wall Street en su peor momento. — “Con mi aguinaldo voy a pagar la tarjeta” — “Yo ya hice cuentas y hasta me va a sobrar” Claro. A todos les sobra. En Excel. En la realidad, no tanto. Yo los o...

CRÓNICAS PERRAS: El puente Guadalupe-Reyes

Por El Perrochinelo Dicen que en la Ciudad de México el año no termina en diciembre ni empieza en enero, nel pastel, aquí el tiempo se dobla, se empeda y se desmaya en algo que la banda conoce como el puente Guadalupe-Reyes , ese tramo espacio-temporal donde el calendario pierde autoridad, el hígado se pone en huelga y la conciencia se queda dormida en el sillón con la tele prendida en un especial navideño repetido. Yo lo sé porque soy perro callejero, perro barrio, perro psicodélico que ha olido este puente desde abajo, desde la coladera emocional de la ciudad, donde caen las lágrimas, las caguamas vacías y las promesas que nadie cumplió. Empieza con la Guadalupana, carnal. Días antes del 12 de diciembre la ciudad se convierte en romería: peregrinos sudados, rodillas raspadas, bicicletas adornadas con luces, morros cargando vírgenes más grandes que ellos, señoras rezando con una fe que ni el mismísimo Papa tiene . La Villa parece hormiguero místico, y yo ahí ando, esquivando pies ampo...

HISTORIAS DESDE EL ABISMO: El demonio en el cine

Por Terrornauta En el cine del siglo XX, el demonio se fue puliendo como obra de un artesano perverso: no siempre el mismo rostro, sino una galería cambiante que respondía, casi con precisión fisiológica, a las fiebre sociales de cada década. Si el monstruo gore nos refleja la furia de la guerra y la máquina especial, el demonio cinematográfico es, en su esencia, un espejo moral: adopta la forma que la época teme mirar en sí misma. Voy a trazar aquí un recorrido por ese espejo, desde los albores mudos hasta las mitologías exorcistas que marcaron el último tercio del siglo XX, y ofreceré una opinión sobre por qué el demonio en la pantalla nos dice tanto sobre nosotros. Los primeros reflejos: lo demoníaco como relato moral (1900–1930) En los primeros años del cine, el demonio no se presentaba siempre como criatura autónoma: más bien reaparecía en relatos religiosos, juicios morales y recreaciones de brujería. Películas como Häxan (1922) o secuencias de cine mudo retomaban la iconografía ...

TROMPABULARIO: Al ratón le gusta el queso y al perro su hueso

Por el Dr. Tiburcio Nicanor de los Ángeles Altaneros, sociólogo de la catástrofe cotidiana y experto en liturgias del desmadre mexicano. La frase mexicana “Al ratón le gusta el queso y al perro su hueso” es una elegante, casi diplomática, forma de decir: “no estés friegue y friegue, deja a la gente disfrutar lo que le da la gana.” Bajo su apariencia zoológica inocente, este dicho esconde una profunda teoría social sobre la diversidad de gustos, deseos y placeres humanos. Desde la sociología cultural mexicana, el ratón y el perro no son simples animales: son arquetipos del barrio. El ratón representa al sujeto que sabe exactamente qué le gusta, aunque sea pequeño, sospechoso o mal visto por otros. El perro, por su parte, simboliza al individuo fiel a sus costumbres, que no cambia el hueso por nada, aunque le ofrezcan queso gourmet importado. Este refrán suele activarse en contextos de juicio social innecesario: cuando alguien critica que otro escuche música “rara”, coma tacos de tacos o...

XOCHIMILCO: Entre la república indígena y la nueva orden política

Por MFTX Xochimilco no fue un espacio periférico ni homogéneo durante los siglos del virreinato; por el contrario, su condición política en la Nueva España fue el resultado de negociaciones continuas entre la Corona, los encomenderos, los funcionarios virreinales y las autoridades indígenas locales. Tras la conquista, la estructura prehispánica de señorío y cabildos no desapareció de inmediato: la Corona española conservó muchas figuras de gobierno local, pero las integró en un régimen de “gobierno indirecto” que reguló la vida política y económica de los pueblos originarios mediante la república de indios. En Xochimilco esa nueva organización implicó la pervivencia de los tlahtoque (gobernantes indígenas) y de cabildos locales adaptados al modelo impreso por las leyes de Indias; sin embargo, su autonomía real quedó limitada por la intervención de autoridades españolas y por las obligaciones fiscales y laborales impuestas al pueblo. Desde los primeros años coloniales Xochimilco fue obj...

RESONANCIAS

Por TPS Cuando veo  lo que esta pasando con  Venezuela y las amenazas provenientes del entorno político de Donald Trump, no puedo evitar recordar cómo, a lo largo de la historia, las grandes potencias han recurrido a demostraciones navales, bloqueos y presencias militares “disuasivas” para moldear a su conveniencia el destino de los pueblos del sur global. Lo que algunos llaman “presión” o “protección de intereses” no es más que el viejo guion imperial, uno que suele repetirse con barcos en la costa y discursos moralizantes que jamás mencionan el trasfondo económico o geopolítico. L o que se percibe como acoso , ya sea el envío de una flota, la interceptación de embarcaciones venezolanas o el hostigamiento diplomático y mediático ,  forma parte de una estrategia más amplia: mantener a América Latina dentro del perímetro de control estadounidense. Trump no inventó estas prácticas, pero sí las lleva al extremo, apelando a una retórica que mezcla nostalgia imperial, paranoia...

UN DÍA CUALQUIERA: El ojo del día

Por Rebeca Jiménez  Cada amanecer, antes de que la ciudad recuerde quién es, el sol se alza sobre los cerros y posa su mirada antigua sobre la vasta extensión humana que respira y se duele bajo él. No tiene párpados, no sabe cerrar los ojos. Por eso carga con el privilegio  o la condena de verlo todo. Desde su altura, el sol observa la Ciudad de México como si fuera un organismo que se debate entre lo ideal y lo mundano. A veces la contempla con cierta ternura, como quien mira a un hijo que insiste en repetir los mismos errores; otras, la mira con un cansancio que roza la desesperanza. Apenas despierta la mañana y ya advierte, en un departamento de Iztacalco, a una mujer de cuarenta años que se viste lentamente frente al espejo. Cecilia lleva las manos temblorosas. Está a punto de tomar una decisión que fingió posponer por meses: dejar al hombre con el que vive desde hace una década. Él duerme todavía, boca arriba, confiado. El sol ilumina el borde de la cama, y por un instant...

HISTORIAS PERDIDAS: Don Andrés y los kilómetros que le quedan

Por El Perrochinelo A Don Andrés lo conocí una madrugada en cuatro caminos, cuando yo andaba buscando taxi porque el metro ya había jalado cortinas y no traía ni pa’ un Uber. Lo vi ahí, limpiando su coche. Setenta y cuatro años, pero con postura de boxeador viejo: derechito, firme, sin perder estilo. —¿Pa’ dónde va, joven? —me dijo con voz ronquita, de esas que ya pasaron por muchos años y muchas desveladas. —A la Portales, Don. —Súbase. Ahorita lo dejamos como carta en buzón. Y vámonos, que el señor maneja como si la ciudad fuera suya. Lo que más me sorprendió fue que, antes de llegar al cruce con Reforma, le pregunte por la medalla que colgaba de su retrovisor y me contó que cada año corre la carrera del Día del Padre. Veintiún kilómetros. A sus setenta y tantos. Yo pensé que estaba cotorreando, pero lo dijo con esa seriedad humilde que da el orgullo verdadero. —No crea que me aviento el maratón como antes —me dijo riéndose—. No, ya no. Pero el medio todavía me lo echo. Poco a poquit...

EL TEXTO INVITADO: Los solitarios

Por Félix Ayurnamat Enrique llegó antes que los otros, aunque no había prisa. El puesto estaba igual que siempre: la parrilla fría, las cebollas sin cortar, la carne todavía en las bolsas. Su abuela le había dicho que eso le iba a dar rumbo, que un hombre debía tener un oficio, que por eso le ayudaría a pner un negocio. Él le creyó por costumbre, no por fe. Prendió la bocina. Sonó una canción vieja, una de esas que no dicen nada pero llenan el aire. Abrió la primera cerveza. El sol apenas se asomaba entre los cables de luz. A las nueve llegó Renán, con la playera del América. —¿Sí hay chelas? Enrique levantó la lata que ya tenía abierta. —Muchas. Renán se sentó sin quitarse la mochila, como si hubiera llegado de la escuela aunque ya no estudiara nada. Luego cayó Toño. Después Mario. Ninguno preguntó por los tacos. Nadie traía hambre. —Ni un cliente —dijo Mario, viendo la calle como si esperara un milagro. —Ni va a venir —respondió Enrique—. Nunca vienen. —Pos sí. Abrieron más cervezas....

RUMORES: Aquí los chamacos no se van

Por Terrornauta (Testimonio de don Filemón, albañil retirado, hecho sucedido en 1974) Esto que le voy a contar, señorita, no le vaya a decir a nadie que yo se lo dije. Me lo saco de encima nomás porque usted me cayó bien, y porque ya tengo más de 70 y los sustos ya no me quitan el sueño, nomás la próstata. Era el 74, más o menos, cuando me tocó chambear en una obra en la San Rafael. Una colonia muy finolis, como dicen, pero pa’ entonces ya la estaban desarmando. Puras casonas viejas que echaban abajo pa’ levantar edificios de esos modernos, con acabados de tirol y molduras falsas. Feos, pero funcionales, decían. Nos tocó tirar una casa grandota en la esquina de Serapio Rendón. Tenía ventanales de los de antes, techos altos y un patio trasero con árboles que ya nadie cuidaba. Y eso sí, una paz bien rara. Como de panteón seco. Desde el primer día, los chavos dijeron que había algo. El Chucho, el chalán, se quejaba de que le escondían la cuchara de mezcla. El Ponciano juró que oyó risas d...