Por Félix Ayurnamat Los recuerdos no vuelven. Somos nosotros quienes caminamos otra vez hasta el sitio donde los dejamos enterrados. Ellos permanecen quietos, como piedras calientes bajo la tierra, esperando que un paso en falso los haga sonar. Uno cree que recuerda porque tiene buena memoria, pero la verdad es otra: recuerda porque hay cosas que nunca terminaron de morirse. En la vida, el tiempo no pasa; se va acumulando. Cada objeto guarda las voces de quienes ya no lo usan. Cada árbol conserva la sombra de alguien que descansó bajo sus ramas. Lo mismo ocurre con uno mismo. El cuerpo sigue envejeciendo, pero por dentro continúa viviendo un muchacho que todavía espera una respuesta, un padre que nunca dijo adiós, una mujer cuyo perfume persiste en la ropa mucho después de que el viento la borró del camino. Dicen que el olvido es una bendición. Yo sospecho que es apenas un cansancio. Las cosas olvidadas no desaparecen; sólo dejan de hacer ruido por un tiempo. Permanecen debajo de los d...