El beso. FA. 2019 Queridísimo Félix: Ha llegado esa fecha del calendario corporativo que confirma que la oficina no es un lugar de trabajo, sino un experimento social mal supervisado: el 14 de febrero. Ese día en que Recursos Humanos finge que fomenta la “convivencia” y lo que realmente hace es destapar la Sodoma y Gomorra godín versión escritorio compartido. Porque si algo he aprendido en mis años de observar en silencio (como buena antropóloga antisocial), es que los romances clandestinos de oficina no nacen: se incuban. Empiezan con miraditas estratégicas en la máquina de café, con “¿me ayudas con este archivo?” susurrado con demasiada intención, con juntas innecesarias que curiosamente siempre requieren puerta cerrada. Yo no juzgo… bueno, sí juzgo, pero con discreción profesional. El problema no son las bajas pasiones, Félix. El problema es la logística. Porque cuando el amor florece entre cubículos, florece también el chisme. Y el chisme en oficina se reproduce más rápido que...