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Mostrando las entradas de febrero 8, 2026

LA CRÓNICA DEL DÍA. El 14 de febrero.

El beso.  FA. 2019 Queridísimo Félix: Ha llegado esa fecha del calendario corporativo que confirma que la oficina no es un lugar de trabajo, sino un experimento social mal supervisado: el 14 de febrero. Ese día en que Recursos Humanos finge que fomenta la “convivencia” y lo que realmente hace es destapar la Sodoma y Gomorra godín versión escritorio compartido. Porque si algo he aprendido en mis años de observar en silencio (como buena antropóloga antisocial), es que los romances clandestinos de oficina no nacen: se incuban. Empiezan con miraditas estratégicas en la máquina de café, con “¿me ayudas con este archivo?” susurrado con demasiada intención, con juntas innecesarias que curiosamente siempre requieren puerta cerrada. Yo no juzgo… bueno, sí juzgo, pero con discreción profesional. El problema no son las bajas pasiones, Félix. El problema es la logística. Porque cuando el amor florece entre cubículos, florece también el chisme. Y el chisme en oficina se reproduce más rápido que...

CRÓNICAS PERRAS. El día del amor y los enamorados.

La cita. FA 2019 CRÓNICAS PERRAS. Dicen que el Día del Amor y la Amistad es puro corazón rojo y globito en forma de riñón sentimental, pero yo que soy perro callejero, perro barrio y psicodélico certificado por la Universidad Autónoma de la Banqueta, les puedo decir que en la CDMX el 14 de febrero huele más a perfume barato mezclado con ansiedad que a rosas frescas. Desde temprano la ciudad amanece cursi, toda emperifollada como quinceañera con filtro de Instagram: puestos improvisados vendiendo peluches tamaño oso polar, globos que dicen “Te amo, mi vida” y ramos que cuestan lo que yo junto en tres meses de lamer banquetas. Y la banda ahí va, comprando amor al mayoreo, como si Cupido aceptara tarjeta de débito. Yo me doy el rol por el Centro, por la Doctores, por la Narvarte, y veo a los enamorados caminar como si flotaran, agarrados de la mano, creyéndose protagonistas de su propia novela de las nueve. Y sí, hay amores bien chidos, de esos que se miran como si el mundo se apagara alr...

UN DÍA CUALQUIERA. Las flores ajenas

Por Rebeca Jiménez  El catorce de febrero amaneció con un cielo indeciso, de un azul pálido que parecía no comprometerse con nada. Mirna abrió los ojos antes que el despertador, como si su cuerpo supiera que ese día sería una prueba. Desde la ventana de su departamento —tercer piso, vista a una avenida gris donde los puestos de flores comenzaban a desplegar su mercancía roja y exagerada— observó a un joven cargar un ramo enorme de rosas. La sola imagen le provocó una punzada en el estómago, una mezcla de burla y deseo. —Ridículos —murmuró. Pero no apartó la mirada. Mirna tenía treinta y cinco años y una convicción secreta: merecía un amor absoluto. No uno cómodo, no uno razonable. Absoluto. Una devoción que la eligiera por encima de todo, que la deseara incluso en sus peores días, que adivinara su tristeza antes de que ella misma la reconociera. Había construido esa idea con la misma dedicación con la que otras mujeres construyen una carrera o una familia. El problema era que el am...

HISTORIAS PERDIDAS. El equilibrista de San Valentin

Por El Perrochinelo Al Richard le dicen así nomás porque un día, hace como quince años, regresó del gabacho con una chamarra pirata que decía “Richards” y desde entonces se le quedó el apodo. Trabaja de velador  en la colonia Pensil, se queda a dormir en  un cuartito  chiquito donde el boiler suena como si estuviera a punto de explotar y la vecina de a lado  barre a las seis de la mañana como si odiara al mundo. El Richard no es guapo, pero tiene verbo. Y en esta ciudad el verbo lo es todo . El problema empezó el 14 de febrero a las s eis  con doce de la mañana, cuando su celular empezó a vibrar como si estuviera poseído. “Buenos días, mi amor”, mensaje de la Yesi. “¿A qué hora nos vemos, bebé?”, la Kimberly. “No se te olvide lo de hoy, Richard”, la Paty, que ya sonaba medio encabronada. Y luego el mensaje más peligroso: “Amor, pásate por las flores antes de venir”, de su esposa, la Mónica. Richard se quedó viendo el techo desconchado. —Ya valí madres —murmuró. ...

DESENFOQUES. Amar en primer plano: la psicología del cine romántico (y por qué me sigue doliendo)

Por Andrea Méndez Siempre que me preguntan digo que el cine romántico no es mi género favorito… y sin embargo regreso a él como quien vuelve a un ex que ya sabe que no le conviene. Me pasa seguido: me siento frente a la pantalla con una mezcla de escepticismo y esperanza, pensando “a ver, sorpréndeme”, y casi siempre termino tocada. No necesariamente feliz. Tocada. E l cine romántico me parece extraño  porque no habla del amor real, sino del deseo. Y el deseo , ya lo sabemos ,  nunca es limpio, nunca es directo, nunca es suficiente. Es falta. Es proyección. Es repetición. Y si algo tiene el cine romántico es que repite obsesiones. Aquí comparto seis ejemplos que, por distintas razones, me han hecho pensar (y sí, también llorar). Before Sunrise (1995) – El amor como posibilidad En la trilogía de Richard Linklater, especialmente en *Before Sunrise*, el romance no es destino, es encuentro. Dos desconocidos que caminan y hablan. Nada más. Y sin embargo, todo. Lo que me obsesiona v...

EL DESEO. 6° Exposición Colectiva Internacional

Por Félix Ayurnamat El deseo es una fuerza que nos antecede. No nace únicamente de la carencia, sino del impulso vital que nos proyecta hacia el mundo. Desear es tender un puente entre lo que somos y lo que imaginamos posible. En esa tensión, entre posesión y pérdida, entre plenitud y vacío, se configura una de las experiencias más complejas de la condición humana. EL DESEO  reúne obras que no ilustran esta energía: la interrogan, la desnudan, la celebran y, a veces, la confrontan. El arte ha sido siempre un territorio privilegiado para pensar el deseo. No como simple anhelo romántico o impulso erótico, sino como estructura profunda del comportamiento humano: el deseo de poseer, de amar, de descubrir, de sentir. Cada una de estas variantes revela tanto su potencia creadora como su riesgo. Porque si el deseo construye vínculos, también puede convertir al otro en objeto; si impulsa el conocimiento, puede transformarse en obsesión; si despierta sensibilidad, también puede abrir la her...

HISTORIAS DESDE EL ABISMO. El amor como sombra del terror

Por Terrornauta Ah, el amor obsesivo… esa fiebre silenciosa que arde bajo la piel del cine de terror como una enfermedad incurable. Si el siglo XX fue el laboratorio de nuestras neurosis modernas, el horror fue su confesionario. El cine del siglo XX nos mostró que el amor puede ser destructor cuando no se contiene por la realidad, cuando aspira a posesión absoluta, cuando no reconoce la mortalidad del otro. El amor obsesivo en estas películas no solo da miedo porque mata o controla; da miedo porque despoja de la libertad y de la identidad . El amor deja de ser unión para convertirse en prisión. Y esa es la lección más inquietante del cine de terror: que el miedo no nace sólo de fantasmas o demonios, sino de nuestras propias pasiones extremas. El amante que no acepta la ausencia, el protector que se vuelve depredador, el deseo que no sabe soltar: todos ellos son monstruos tan convincentes como cualquier criatura de la noche. El terror del amor obsesivo no mira con ojos brillantes desde ...