Por Félix Ayurnamat
El deseo es una fuerza que nos antecede. No nace únicamente de la carencia, sino del impulso vital que nos proyecta hacia el mundo. Desear es tender un puente entre lo que somos y lo que imaginamos posible. En esa tensión, entre posesión y pérdida, entre plenitud y vacío, se configura una de las experiencias más complejas de la condición humana. EL DESEO reúne obras que no ilustran esta energía: la interrogan, la desnudan, la celebran y, a veces, la confrontan.
El arte ha sido siempre un territorio privilegiado para pensar el deseo. No como simple anhelo romántico o impulso erótico, sino como estructura profunda del comportamiento humano: el deseo de poseer, de amar, de descubrir, de sentir. Cada una de estas variantes revela tanto su potencia creadora como su riesgo. Porque si el deseo construye vínculos, también puede convertir al otro en objeto; si impulsa el conocimiento, puede transformarse en obsesión; si despierta sensibilidad, también puede abrir la herida de la insatisfacción permanente.
Las obras que integran esta exposición trabajan desde esa ambivalencia. Algunas se aproximan al deseo como celebración del cuerpo y de la experiencia compartida, como una afirmación luminosa del encuentro. Otras evidencian su costado oscuro: la acumulación compulsiva, la mirada que consume, la ansiedad por lo inalcanzable. Entre ambos extremos se despliega un abanico de matices donde el deseo aparece como motor creativo y como conflicto ético.
Formalmente, las piezas exploran múltiples lenguajes, pero todas comparten una misma intensidad. El color se vuelve vibración; la línea, insinuación; el volumen, tensión contenida. Las imágenes no se agotan en su superficie: convocan una participación activa del espectador. Mirar estas obras es también reconocerse en ellas, aceptar que el deseo no es un fenómeno externo, sino una corriente que atraviesa nuestra propia mirada.
Desde una perspectiva crítica, el deseo no puede desligarse de las estructuras sociales que lo modelan. La cultura enseña qué desear y cómo hacerlo. En este sentido, el arte se convierte en un espacio de cuestionamiento: ¿qué anhelamos y por qué? ¿Qué relaciones de poder se esconden detrás de ciertos objetos de deseo? ¿Es posible imaginar formas más libres, más conscientes, de vincularnos con aquello que buscamos?
EL DESEO propone, así, una experiencia que oscila entre la reflexión y la emoción. No ofrece respuestas cerradas, sino preguntas abiertas. En cada obra palpita una invitación a explorar nuestras propias pulsiones, a distinguir entre el impulso que nos humaniza y aquel que nos encadena.
Porque el deseo, en su forma más profunda, no es únicamente querer algo. Es querer ser. Y el arte, al hacerlo visible, nos recuerda que toda creación es, en esencia, el resultado de una fuerza que insiste en ir más allá de sí misma.
Pueden visitar la exposición del 15 de febrero al 13 de marzo de 2026 en:

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