Por Ana Laura Alva Pulido En Corea del Sur, la llegada de la primera nieve del año no es solo un fenómeno climático: es un acontecimiento cargado de simbolismo, memoria y esperanza. Conocida como 첫눈 (cheonnun), la primera nevada representa un momento en el que el destino parece hacerse visible, especialmente en el terreno del amor. Cada invierno, cuando los primeros copos comienzan a cubrir templos, palacios y calles urbanas, se activa una creencia profundamente arraigada en el imaginario colectivo coreano: si presencias la primera nieve junto a la persona que te gusta, ese amor tiene altas probabilidades de florecer. Un destino sellado por la nieve La creencia central sostiene que la sincronía entre el clima y el encuentro humano no es casual. La nieve, efímera y silenciosa, se convierte en un sello simbólico del destino. Para muchos jóvenes —y no tan jóvenes—, compartir ese instante es una señal de aprobación cósmica, una especie de augurio romántico que trasciende la lógica racional...