Por Ana Laura Alva Pulido
Cada año, cuando el sol alcanza su punto más bajo en el cielo y la noche se impone sobre el día, Corea del Sur celebra Dongji (동지), el solsticio de invierno según el calendario solar asiático. Más que una simple marca astronómica, Dongji es un umbral simbólico: el fin del ciclo de oscuridad y el inicio del lento retorno de la luz. En una cultura donde la naturaleza, el tiempo y la espiritualidad dialogan de forma constante, esta fecha concentra siglos de historia, creencias y prácticas comunitarias.
✓ Un origen ligado al calendario y al cosmos
Dongji tiene sus raíces en la antigua tradición china del calendario lunisolar, adoptado y reinterpretado por Corea desde los periodos de los Tres Reinos y consolidado durante la dinastía Joseon (1392–1897). Para las sociedades agrícolas, el solsticio era una referencia crucial: anunciaba el momento en que el yang —la energía positiva— comenzaba a crecer nuevamente tras el dominio del yin, asociado a la oscuridad y el frío.
Durante Joseon, Dongji llegó a considerarse casi como un “pequeño Año Nuevo”. La corte realizaba rituales confucianos para agradecer el orden cósmico y pedir equilibrio para el reino, mientras que en los hogares se reforzaban prácticas protectoras contra enfermedades y malos espíritus, comunes en los meses más crudos del invierno.
✓ Patjuk: el alimento que protege y une
La tradición más emblemática de Dongji es la preparación del patjuk (팥죽), una sopa espesa de frijol rojo. Su color no es casual: en el imaginario coreano, el rojo ahuyenta a los espíritus malignos y simboliza vida y protección. Antiguamente, se untaba un poco de patjuk en puertas y paredes, o se ofrecía primero a los ancestros antes de ser consumido por la familia.
El patjuk no solo cumple una función ritual, sino también social. Compartirlo implica desear salud y longevidad a los demás. Incluso hoy, en departamentos urbanos y cafeterías contemporáneas, el gesto de comer patjuk en Dongji mantiene viva la idea de comunidad frente al invierno.
✓ Costumbres, creencias y vida cotidiana
Además del patjuk, Dongji estaba asociado a prácticas de introspección y preparación. Se creía que los niños que no comían la sopa podían enfermar, y que ignorar el solsticio traía mala fortuna. En algunas regiones, se contaban historias o se realizaban pequeños rituales domésticos para “cerrar” el año agrícola y espiritual.
En la Corea actual, Dongji no es un feriado oficial, pero sigue presente en la memoria colectiva. Escuelas, centros culturales y museos lo conmemoran con talleres gastronómicos y actividades educativas, resignificando la tradición en un contexto moderno.
✓ Dongji hoy: tradición en tiempos de modernidad
En una sociedad hiperconectada y acelerada, Dongji funciona como un recordatorio silencioso: incluso en la noche más larga, la luz regresa. Para Corea, preservar esta
celebración es también una forma de resistencia cultural, un ancla identitaria frente a la homogeneización global.
Dongji no es solo una fecha en el calendario; es una narrativa viva donde convergen historia, alimento, creencia y comunidad. Un ritual que, año tras año, invita a mirar la oscuridad no como un final, sino como el comienzo de algo nuevo.
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