Ir al contenido principal

Entradas

UN DÍA CUALQUIERA. La versión correcta.

Por Rebeca Jiménez Clara siempre contaba la misma historia, pero nunca de la misma forma. A veces comenzaba con una omisión, un detalle mínimo, casi invisible, y otras con una variación en el tono, como si al cambiar la entonación pudiera modificar también el sentido de los hechos. Con los años, había aprendido a narrarse a sí misma con una precisión engañosa, como quien pule una herida hasta que deja de parecerlo. Decía que todo había terminado de manera inevitable. Que no había sido culpa de nadie. Que las cosas, simplemente, se desgastan. Lo repetía con una serenidad que parecía convincente incluso para ella. Pero había noches, como esa, en las que el relato se le descomponía entre las manos. El reloj marcaba las tres de la madrugada, una hora que Clara detestaba porque no permitía distracciones. A esa hora, el silencio no era ausencia de ruido, sino presencia de pensamiento. La casa parecía observarla: las paredes, los objetos, incluso el espejo del pasillo que evitaba mirar. Se le...
Entradas recientes

HISTORIAS PERDIDAS. EL DÍA DE LA BANDERA

Por El perrochinelo En el turno de la tarde de la primaria “Héroes de la Banda Ancha”, allá por una colonia donde el tianguis huele a carnitas desde las ocho de la mañana y los cables de luz hacen telarañas en el cielo, el Día de la Bandera siempre era un show medio solemne, medio improvisado.   —¡A ver, niños, ya entren, no se anden empujando! —gritaba la maestra Lupita, que ya traía prisa por checar.   Los escuincles, pues ya sabes, unos tranquilos, otros echando desmadre, uno que otro con el moco colgando y la camisa medio fajada. Pero ese día había algo distinto: Era la ceremonia del día de la bandera y a Matviy le tocaba llevar la bandera.   —Órale, güey, ya viste al ucraniano —susurró el Kevin, codeando al Brayan.   —Cállate, baboso —le respondió otro—, ese compa sí le echa ganas.   Matviy no decía mucho. Tenía doce años, pero cargaba una mirada que no era de chamaco cualquiera. Cuatro años antes había llegado con su jefe y su jefa, huyendo de una guerra q...

RUMORES. Ana y los muros

Carta personal Fecha: 9 de noviembre, 2023 Ofe, por cualquier cosa te dejo esta carta, no creo que pase nada, pero estoy muy sugestionada.  Te cuento, la cita fue en una cafetería a tres cuadras del edificio que te conte. Nunca imaginé que contestaría el mensaje. Ni que su voz fuera tan firme, tan clara. Se llama Ana, tiene 38 años. Trabaja como archivista en el Centro Nacional de las Artes. Le escribí después de encontrar su nombre en una ficha catastral de 1996. Su familia fue la última en vivir ahí. La única hija. Cuando llegó, traía una caja de zapatos. “No sabía si quemarlos o entregarlos al Archivo General”, me dijo. Dentro había dibujos, recortes de periódico, un cassette. Todo viejo, deslavado. Y una hoja que me heló la sangre: el mismo dibujo de los niños tomados de la mano que yo encontré en mi libreta, con la misma frase. “Aquí jugamos sin crecer.” Ana bajó la mirada. —Mi mamá decía que era mi imaginación, pero había algo en esas paredes. Algo que me hablaba. Cuando me e...

HISTORIAS DESDE EL ABISMO. El deseo y el terror en el siglo XXI

Por Terrornauta Hay algo profundamente incómodo y, al mismo tiempo, extrañamente fascinante en la manera en que el cine de terror del siglo XXI ha decidido mirar la sexualidad. Ya no se trata, como en décadas pasadas, de un simple castigo moral disfrazado de narrativa, ese viejo código donde quien deseaba demasiado terminaba inevitablemente muerto, sino de una exploración más íntima, más turbia, más honesta incluso. La sexualidad en el horror contemporáneo no es solo un detonante narrativo: es el núcleo mismo del miedo. Y, como fan del género, no puedo evitar sentir que estas historias ya no buscan asustarnos con monstruos externos, sino con algo mucho más inquietante: la fragilidad de nuestros cuerpos, el deseo como enfermedad, la intimidad como territorio de riesgo. El deseo como contagio: It Follows  (2014, David Robert Mitchell) Pocas películas han capturado con tanta elegancia inquietante la relación entre sexo y condena como It Follows . Aquí, el acto sexual no es placer ni c...

TROMPABULARIO. “Ya colgó los tenis”: Teoría del abandono definitivo del mitote terrenal

Por el Dr. Tiburcio Nicanor , Sociólogo del d esmadre e xistencial y p rofesor e mérito en a suntos del m ás p a’ a llá. Mira, cuando en México decimos “ya colgó los tenis” , no estamos informando una defunción… estamos narrando el retiro oficial de un jugador que ya no quiso seguir en la reta de la vida . Así, sin drama, sin violines, sin “lamentamos profundamente”. Aquí es más bien: “ps ya, se salió del partido y dejó los tenis colgados en el cable.” Desde la sociología bien barrio, el tenis representa todo: la friega diaria, el correteo, el “ya casi llego”, el “ahorita voy”. Colgarlos es básicamente decir: “ya no hay pendientes, jefe, este compa ya no va a contestar ni el Whats.”  Se acabó la jornada, se cerró la cortina y vámonos recio. Lo interesante es que el mexicano no dice “murió” porque suena muy seco, muy de hospital. Aquí preferimos frases con más punch: “se petateó”, “chupó faros”, “estiró la pata” … puro eufemismo con sabor a relajo . Porque si la muerte va a llegar d...

REFERENCIAS. Adolfo Mexiac y su tiempo

Por Félix Ayurnamat En está ocasión se presenta en el Museo del Estanquillo la exposición “Adolfo Mexiac y su tiempo” es una conversación con parte de la historia del México del siglo XX, sin levantar demasiado la voz. En el grabado representa bien la escencia de existir, la insistencia del trazo que se repite, que presiona, que deja huella, que se parece a la vida misma cuando decide no ser superficial. La muestra, es extensa, reúne cientos de piezas que no sólo permiten ver la evolución formal de Adolfo Mexiac, sino también su compromiso con un mundo que dolía y que, de alguna manera, sigue doliendo. No es una exposición para mirar rápido; es de esas que se recorren despacio, casi con el cuerpo entero, como si cada imagen pidiera una pausa distinta. Lo que más me sorprendió no fue únicamente la fuerza gráfica de sus obras,esa claridad con la que denuncia, esa potencia casi visceral del blanco y negro, sino la forma en que su trabajo logra mantenerse vigente sin necesidad de actualiza...

EL PETATE DEL MUERTO. Crónica de un país que se informa con memes

Por El Perrochinelo, perro analista, egresado de la banqueta y doctor en olfatear mentiras Guau, guau, banda. Aquí su perro de confianza, el mero mero de la esquina que ya vio pasar más fake news que repartidores de Rappi. Y ahora sí se soltó el chisme: que cayó el Mencho, que lo agarraron, que se murió, que lo remataron, que revivió, que era su doble, que era un holograma… puro capítulo perdido de La Rosa de Guadalupe versión narco. Y es que la captura y muerte del ojeis de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, se volvío el arriete para golpear al gobierno federal.  Los videos editados, las fotos todas pixeleadas y los audios de “un primo de un militar” no fallan. Ahí andan circulando como croquetas gratis, pa’que la raza se alimente de puros cuentos. Lo más sabroso del asunto no es el rumor en sí, sino quién lo empuja. Porque de volada salen los opinadores profesionales del apocalipsis: que si el gobierno está rebasado, que si es cómplice, que si México ya es un narcoest...

EL POEMA INVITADO.

Rituales ocultos Hay en ella un cuarto sin ventanas donde la noche respira su nombre con una voz que no se atreve a pronunciar en voz alta.   Ahí guarda sus incendios, sus gestos no realizados, las manos que no tomó pero aún siente en la memoria como una fiebre que no se explica.   De día, es mármol disciplinado, una arquitectura perfecta de negaciones bien aprendidas. Camina entre otros con la calma de quien domina su reflejo, con la pureza ensayada de quien teme ser vista arder.   Pero la noche la desarma.   Algo en su sangre se abre, como una puerta antigua que nadie recuerda haber construido. Y entonces su cuerpo piensa, recuerda, imagina con una precisión peligrosa lo que su boca se niega a decir.   No es inocente. Nunca lo fue.   Solo ha aprendido a fragmentarse: una parte de ella observa, juzga, castiga; la otra, más profunda, más verdadera, se inclina hacia el abismo con una devoción silenciosa.   Desea como quien se acerca al fuego sabiendo qu...

LA CRÓNICA DEL DÍA. El 14 de febrero.

El beso.  FA. 2019 Queridísimo Félix: Ha llegado esa fecha del calendario corporativo que confirma que la oficina no es un lugar de trabajo, sino un experimento social mal supervisado: el 14 de febrero. Ese día en que Recursos Humanos finge que fomenta la “convivencia” y lo que realmente hace es destapar la Sodoma y Gomorra godín versión escritorio compartido. Porque si algo he aprendido en mis años de observar en silencio (como buena antropóloga antisocial), es que los romances clandestinos de oficina no nacen: se incuban. Empiezan con miraditas estratégicas en la máquina de café, con “¿me ayudas con este archivo?” susurrado con demasiada intención, con juntas innecesarias que curiosamente siempre requieren puerta cerrada. Yo no juzgo… bueno, sí juzgo, pero con discreción profesional. El problema no son las bajas pasiones, Félix. El problema es la logística. Porque cuando el amor florece entre cubículos, florece también el chisme. Y el chisme en oficina se reproduce más rápido que...

CRÓNICAS PERRAS. El día del amor y los enamorados.

La cita. FA 2019 CRÓNICAS PERRAS. Dicen que el Día del Amor y la Amistad es puro corazón rojo y globito en forma de riñón sentimental, pero yo que soy perro callejero, perro barrio y psicodélico certificado por la Universidad Autónoma de la Banqueta, les puedo decir que en la CDMX el 14 de febrero huele más a perfume barato mezclado con ansiedad que a rosas frescas. Desde temprano la ciudad amanece cursi, toda emperifollada como quinceañera con filtro de Instagram: puestos improvisados vendiendo peluches tamaño oso polar, globos que dicen “Te amo, mi vida” y ramos que cuestan lo que yo junto en tres meses de lamer banquetas. Y la banda ahí va, comprando amor al mayoreo, como si Cupido aceptara tarjeta de débito. Yo me doy el rol por el Centro, por la Doctores, por la Narvarte, y veo a los enamorados caminar como si flotaran, agarrados de la mano, creyéndose protagonistas de su propia novela de las nueve. Y sí, hay amores bien chidos, de esos que se miran como si el mundo se apagara alr...