Querido Félix: Sobreviví. No sé si eso cuenta como un triunfo personal o como una omisión administrativa de la Muerte, pero aquí sigo, escribiéndote desde una ciudad que, cada que juega un equipo con más esperanzas que capacidades futbolísticas en el Estadio Azteca ( porque así se llama, nada de Cañedo, Banorte, Ciudad de México ni esas ocurrencias corporativas; mi abuelito, que sabía mucho de la vida y poco de mercadotecnia, decía que ese montón de cemento siempre se llamaría Estadio Azteca y punto) entra en un estado muy parecido al Apocalipsis, sólo que patrocinado por cerveceras. Hay científicos que estudian las causas de los desastres naturales: volcanes, huracanes y placas tectónicas. Ninguno ha tenido el valor de estudiar a un aficionado después de la cuarta cerveza. Es impresionante. La misma persona que en la oficina no puede abrir un archivo PDF, de pronto se siente estratega militar, historiador del deporte, filósofo estoico y especialista en arbitraje internacional. Hablan ...
Por El Perrochinelo Hay gente que reconoce la Ciudad de México por el Ángel, por Bellas Artes o por los sonidos de la ciudad cuando cae la tarde. Yo la reconozco por sus personajes. Y uno de esos personajes vive o quizá simplemente aparece en la banqueta de Isabel la Católica frente al templo de La Profesa. No vive ahí exactamente. Más bien ocurre ahí. Desde hace veinte años. O más. Ya perdí la cuenta. Siempre lo encuentro igual. No importa si es enero y el aire frío corta la cara o si julio convirtió a Madero en un río de paraguas baratos. Él llega por la mañana, despacio, como quien conoce la velocidad exacta que necesita para no llamar la atención. Tendrá unos sesenta años ahora; cuando lo vi por primera vez apenas rebasaba los cuarenta. El cabello se le fue volviendo gris sin que uno notara el momento preciso, igual que las fachadas del Centro Histórico se ennegrecen sin que nadie vea cuándo cayó el primer hollín. Trae una mochila verde militar que ya perdió el color hace décadas. ...