Por El Perrochinelo ¡Ora sí, agárrense del poste porque ahí les va el chisme!. Les ladra su valedor el Perrochinelo, ciudadano honorario de banquetas, tragador profesional de tacos caídos y filósofo de crucero cuando el semáforo se pone en rojo. Yo mero vi cómo esta ciudad se ha vuelto un hervidero desde que la Selección Mexicana se aventó la hombrada en este Mundial del 2026. No sé si fue milagro, deuda histórica o porque de plano San Judas ya se cansó de que le lleváramos tantas veladoras, pero el caso es que el Tri ha ganado 4 partidos y la Ciudad de México ha explotado de alegría como cohete de feria. Nomás sonó el silbatazo final del México vs Ecuador y aquello parecía que habían decretado barra libre en todo el Valle de México. Se vaciaron las casas, los depas, las vecindades, los edificios fifís y hasta las oficinas donde el godín llevaba horas fingiendo que trabajaba mientras esperaba huir al Ángel. Todo mundo pa' la calle. El Ángel parecía cazo de carnitas en domingo: hast...
Por Luis B. Emmanuel le gustaba barrer. No porque hubiera algo qué limpiar. Hacía meses que el polvo había terminado por conquistar las banquetas, los aparadores y las fotografías familiares dentro de los departamentos vacíos. Barría porque el sonido de las cerdas contra el concreto todavía le recordaba que existía una diferencia entre el silencio y la muerte. Aquella mañana, el cielo tenía un color extraño, como la piel interior de una ciruela golpeada. Desde la ventana de su cocina vio pasar las últimas aves migratorias: una línea torcida de cuerpos negros avanzando hacia ninguna parte. El refrigerador zumbaba con una fatiga casi humana. Emmanuel abrió la puerta y contempló su inventario cotidiano: dos mandarinas arrugadas, un frasco de mostaza, media botella de agua mineral sin gas y un trozo de queso endurecido que olía a sótano húmedo. Anotó todo en una libreta. “Mandarinas: 2. Mostaza: suficiente. Agua: poca. Mundo: menos.” Luego sonrió apenas, como si acabara de escuchar u...