El beso. FA. 2019 Queridísimo Félix: Ha llegado esa fecha del calendario corporativo que confirma que la oficina no es un lugar de trabajo, sino un experimento social mal supervisado: el 14 de febrero. Ese día en que Recursos Humanos finge que fomenta la “convivencia” y lo que realmente hace es destapar la Sodoma y Gomorra godín versión escritorio compartido. Porque si algo he aprendido en mis años de observar en silencio (como buena antropóloga antisocial), es que los romances clandestinos de oficina no nacen: se incuban. Empiezan con miraditas estratégicas en la máquina de café, con “¿me ayudas con este archivo?” susurrado con demasiada intención, con juntas innecesarias que curiosamente siempre requieren puerta cerrada. Yo no juzgo… bueno, sí juzgo, pero con discreción profesional. El problema no son las bajas pasiones, Félix. El problema es la logística. Porque cuando el amor florece entre cubículos, florece también el chisme. Y el chisme en oficina se reproduce más rápido que...
La cita. FA 2019 CRÓNICAS PERRAS. Dicen que el Día del Amor y la Amistad es puro corazón rojo y globito en forma de riñón sentimental, pero yo que soy perro callejero, perro barrio y psicodélico certificado por la Universidad Autónoma de la Banqueta, les puedo decir que en la CDMX el 14 de febrero huele más a perfume barato mezclado con ansiedad que a rosas frescas. Desde temprano la ciudad amanece cursi, toda emperifollada como quinceañera con filtro de Instagram: puestos improvisados vendiendo peluches tamaño oso polar, globos que dicen “Te amo, mi vida” y ramos que cuestan lo que yo junto en tres meses de lamer banquetas. Y la banda ahí va, comprando amor al mayoreo, como si Cupido aceptara tarjeta de débito. Yo me doy el rol por el Centro, por la Doctores, por la Narvarte, y veo a los enamorados caminar como si flotaran, agarrados de la mano, creyéndose protagonistas de su propia novela de las nueve. Y sí, hay amores bien chidos, de esos que se miran como si el mundo se apagara alr...