Querido Félix: Sobreviví nuevamente al 10 de mayo. No sé cómo. Tal vez por puro rencor acumulado o porque Dios, en su infinito sadismo, disfruta verme sufrir en está vida. Te cuento que fui a comer con la familia materna por darle un gustito a mi santa madre, que merece todo en esta vida, incluso la humillación pública de tener una hija que llega vestida como si viniera de un velorio de poeta soviético. Pero ahí estaba yo, sentada en la mesa, viendo cómo mi tía Verónica (Si, la panista ultraderechosa, clasista y espiritualmente patrocinada por Trump) hablaba durante cuarenta minutos seguidos sobre “la decadencia de la juventud” mientras le gritaba “Oye muchacha” a la mesera de cuarenta y ocho años. Félix, yo te juro que mi tía no conversa: pontifica. Tiene ese tono de señora que cree que descubrió el capitalismo y que además lo inventó personalmente para salvar al país de los pobres. Ese día llego envuelta en lino beige, oliendo a perfume caro y resentimiento social. Traía unos le...
Por El Perrochinelo Mira nomás, carnal, yo no sé en qué momento esta ciudad se volvió parque temático pa’ extranjeros con huarache artesanal recién comprado en Coyoacán y gorrita que dice “México” aunque el compa venga de Noruega y parezca camarón hervido. Pero diario los veo bajarse del metro con cara de “wow”, como si acabaran de descubrir la Atlantida y no nomás la estación del metro oliendo a humedad, pastor y humanidad comprimida. Yo los miro desde abajo, literalmente, porque uno es perro callejero, de esos que crecieron entre banquetas calientes, bolsas tiradas en el suelo y mentadas de madre. Y la neta me parecen "turist curius" esos vatos. Vienen bien emocionados, bien puestos, con su mochilita mamila y su cámara colgando, tomándole foto hasta al señor que vende mazapanes afuera del Museo Nacional de Antropología. Ahí andan fascinados viendo la Piedra del Sol, como si el calendario azteca les fuera a resolver el jet lag espiritual que traen encima. Luego salen bien pr...