Ir al contenido principal

SOBRE EL ARTE. Cuando el arte se vuelve mercancía vacía.

Por Félix Ayurnamat

Hay algo que me molesta cada vez que entro a ciertos eventos de arte o galerías de alto perfil: muchas obras parecen existir más para justificar un precio que para comunicar artístcamente algo. No lo digo desde el "resentimiento social" ni desde una postura romántica contra el mercado. Lo digo como artista y como observador del campo cultural mexicano. Cuando el arte se vuelve un instrumento de prestigio económico, corre el riesgo de perder algo esencial: su capacidad de dialogar con la vida real de las personas.

A lo largo de la historia, el arte siempre ha estado relacionado con el poder. Basta pensar en los grandes encargos de los papas, reyes y nobleza durante el Renacimiento o en la pintura cortesana de los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, incluso en esos contextos, muchas obras mantenían una relación profunda con la cultura de su tiempo. Ahora me pregunto si parte del arte que domina el mercado internacional sigue cumpliendo esa función o si se ha transformado en otro tipo de objeto: uno pensado para circular en el circuito financiero más que en la experiencia cultural.

En varios estudios sobre economía cultural se ha señalado que el mercado del arte contemporáneo tiende a concentrar la visibilidad en un número reducido de artistas y galerías, creando lo que algunos investigadores llaman un sistema altamente desigual de legitimación simbólica. El sociólogo del arte Pierre Bourdieu ya explicaba en The Field of Cultural Production que el valor artístico no se produce solo en la obra, sino en una red de instituciones, críticos, galeristas y coleccionistas que legitiman lo que debe considerarse arte relevante. Cuando ese sistema se vuelve demasiado dependiente del capital económico, el riesgo es evidente: la legitimidad estética empieza a confundirse con la capacidad de inversión.

Esto se vuelve más claro cuando observamos ciertas dinámicas del mercado contemporáneo. En muchas ocasiones, obras conceptualmente débiles o formalmente pobres alcanzan notoriedad porque están respaldadas por grandes galerías, campañas mediáticas o textos teóricos diseñados para justificar su valor simbólico. No es casualidad que varios investigadores hablen de una “financiarización del arte”, donde las piezas funcionan como activos de inversión más que como experiencias culturales. Un análisis publicado en Arts (MDPI) sobre el sistema global del arte explica que el prestigio institucional y la visibilidad mediática pueden influir de forma determinante en el precio y la reputación de las obras, independientemente de su profundidad estética.

He visto casos donde la obra parece secundaria frente al discurso que la rodea. Textos curatoriales largos, llenos de terminología académica, que prometen densidad conceptual donde muchas veces hay muy poco que mirar. No estoy en contra de la teoría; al contrario, creo que el pensamiento crítico es necesario. Pero cuando la teoría se convierte en un aparato de legitimación pagado por el mismo sistema que pretende analizar, algo esta fallando en el diálogo entre obra, artista y público.

Esta situación también produce otra consecuencia: la creación de un arte desechable. Piezas que circulan rápido en ferias internacionales, diseñadas para atraer atención inmediata, pero que rara vez construyen una relación duradera con quienes las observan. En lugar de procesos largos de investigación visual, encontramos estrategias de impacto momentáneo. El problema no es la experimentación, que siempre ha sido parte del arte, sino la superficialidad que aparece cuando la urgencia del mercado sustituye al trabajo de reflexión.

Lo paradójico es que mientras ese circuito se vuelve cada vez más exclusivo, en otros espacios ocurre lo contrario. En talleres independientes, colectivos populares o proyectos comunitarios, el arte sigue funcionando como un lenguaje vivo. Ahí veo obras que quizá no alcanzarán los precios de las subastas internacionales, pero que hablan con claridad sobre la experiencia social, la memoria colectiva o las tensiones del presente.

Simplemete pensemos, en el legado de Diego Rivera y el movimiento muralista mexicano, que entendió el arte como un espacio de educación pública. Sus murales no estaban pensados para un coleccionista privado, sino para el público que caminaba por la calle o trabajaba en los edificios donde se pintaban. Esa idea sigue siendo potente: el arte como conversación abierta, no como objeto de exclusividad.

Yo considero que la crítica al sistema dominante no implica negar toda producción que circula en el mercado. El problema no es que exista un mercado, sino cuando este define por completo qué se produce, qué se exhibe y qué se considera valioso. Cuando eso ocurre, el arte corre el riesgo de convertirse en un lenguaje cerrado, diseñado para un pequeño grupo de iniciados.

Por eso me parece importante preguntarnos: ¿para quién se está haciendo el arte? Si la respuesta es solo para coleccionistas, inversionistas o circuitos institucionales, algo se ha perdido en el camino. En cambio, cuando la obra logra hablar con públicos diversos, cuando despierta preguntas, incomodidad o reconocimiento, vuelve a cumplir una función cultural que va más allá del precio.

Quizá la tarea de quienes hacemos arte hoy sea mantener esa tensión viva: cuestionar los discursos que reducen la creación a mercancía y recordar que el valor estético no se decide únicamente en una subasta, sino en la relación entre la obra y la sociedad que la mira.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Carta de Belisario Dominguez

Señor presidente del Senado: Por tratarse de un asunto urgentísimo para la salud de la Patria, me veo obligado a prescindir de las fórmulas acostumbradas y a suplicar a usted se sirva dar principio a esta sesión, tomando conocimiento de este pliego y dándolo a conocer enseguida a los señores senadores. Insisto, señor Presidente, en que este asunto debe ser conocido por el Senado en este mismo momento, porque dentro de pocas horas lo conocerá el pueblo y urge que el Senado lo conozca antes que nadie. Señores senadores: Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente. Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan en política, que están al corriente de los sucesos del pa...

Arte que repercute en la vida.

por: Katia Briseño. ¿Alguna vez se han preguntado si el arte sirve para la vida? ¿Qué es lo que se espera de un curso de artes plásticas a nivel medio superior? ¿Por qué algunas personas todavía consideran tomar talleres de arte? ¿En verdad los talleres de arte enseñan a reflexionar o son una repetición de técnicas sin contenido? El taller de exploración visual es un espacio que propone una reflexión en torno al arte y la visión que tenemos del mundo.    Más que preocuparse por la forma, se centra en buscar el contenido con creatividad e imaginación en las obras. El artista a cargo ayudara a reflexionar y descubrir aspectos nunca antes vistos de las piezas de arte, con motivo de generar una reflexión.   ¿Qué tan difícil es saber si el arte es arte? ¿Por qué es arte y porqué nos provoca? Es un espacio de análisis personal y colectiva en cuanto a qué es lo que provoca y el mensaje de las piezas. Se divide en dos módulos: dibujo y escultura. El dibujo va orientad...