Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Historias perdidas

HISTORIAS PERDIDAS. Don Andrés y el café de la mañana

Por El Perro Chinelo A las cinco cincuenta y cinco de la mañana, cuando la colonia todavía está entre el sueño y la chinga, don Andrés ya está estacionado en la esquina de la farmacia. Su triciclo parece tener más años que la mayoría de las casas de la cuadra. Amarillo brillante. Al frente lleva la cafetera de aluminio, los vasos de unicel, el azúcar, la leche. A las seis en punto comienza la venta —¡Café bien cargadito, jóvenes! ¡Para que no anden con cara de difunto por la calle! Y llegan los primeros. Don Andrés tiene esa habilidad rara de conocer a todo mundo sin meterse demasiado en la vida de nadie. Sabe quién va en primaria, quién entró a la secundaria, quién ya está en la universidad, quién consiguió chamba, quién perdió el trabajo y quién se compró un carro que todavía debe hasta el 2042. A los niños les habla como si fueran adultos. —¡Órale, campeón! ¿Ya llevas la tarea? —Sí, señor. —¿Y te portaste bien? —Sí. —¡No me estés choreando! Tu cara dice otra cosa. Los chamacos se rí...

UN DÍA CUALQUIERA. El pañuelo

  El pañuelo. Diseñado por FA, usando  Seedream 5.0.  2026  Por Rebeca Jiménez El pañuelo apareció sobre la mesa un domingo por la mañana. Era blanco, de algodón fino, con un pequeño bordado azul en una de las esquinas. Tenía apenas tres gotas de sangre, diminutas y perfectamente separadas entre sí, como si alguien hubiera dejado caer sobre la tela tres semillas oscuras. Elena lo encontró mientras recogía los vasos de la noche anterior. No supo de quién era. Lo tomó entre los dedos y lo acercó a la ventana. La sangre estaba seca. Una de las gotas había penetrado un poco más en la fibra y formaba alrededor una sombra rosada. Pensó en su marido. Después se avergonzó de haberlo pensado. Julián todavía dormía. Llevaban once años casados y, aunque nadie lo sabía, hacía meses que Elena había empezado a sentir por él una especie de piedad que se parecía demasiado al desamor. Seguían compartiendo la cama, las cuentas, las enfermedades de los padres y las visitas familiares. ...

HISTORIAS PERDIDAS. El escultor de la Profesa

Por El Perrochinelo Hay gente que reconoce la Ciudad de México por el Ángel, por Bellas Artes o por los sonidos de la ciudad cuando cae la tarde. Yo la reconozco por sus personajes. Y uno de esos personajes vive o quizá simplemente aparece en la banqueta de Isabel la Católica frente al templo de La Profesa. No vive ahí exactamente. Más bien ocurre ahí. Desde hace veinte años. O más. Ya perdí la cuenta. Siempre lo encuentro igual. No importa si es enero y el aire frío corta la cara o si julio convirtió a Madero en un río de paraguas baratos. Él llega por la mañana, despacio, como quien conoce la velocidad exacta que necesita para no llamar la atención. Tendrá unos sesenta años ahora; cuando lo vi por primera vez apenas rebasaba los cuarenta. El cabello se le fue volviendo gris sin que uno notara el momento preciso, igual que las fachadas del Centro Histórico se ennegrecen sin que nadie vea cuándo cayó el primer hollín. Trae una mochila verde militar que ya perdió el color hace décadas. ...