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Mostrando las entradas de septiembre 6, 2026

CRÓNICAS PERRAS EL REGRESO A CLASES

  Por El Perrochinelo ¡Ora sí, banda, se acabó el recreo! Lo supe desde temprano porque la ciudad amaneció haciendo un escándalo de aquellos. Todavía ni salía bien el sol y ya se escuchaban portazos, claxonazos, mentadas de madre y el clásico grito de una mamá: “¡Ya levántate, se te va a hacer tarde!”. Yo soy el Perrochinelo, perro callejero, filósofo de banqueta y testigo oficial de los dramas de esta capirucha, y puedo afirmar que no hay señal más clara de que terminaron las vacaciones que ver a los chamacos caminar como zombies rumbo a la primaria o la secundaria. Ahí vienen, uniformados, peinados a la fuerza y cargando mochilas que parecen cargar los pecados del mundo. Algunos todavía traen la cara de quien no acepta que el despertador volvió a convertirse en enemigo público. Otros van brincando, saludando a sus cuates, estrenando tenis y presumiendo lonchera como si fueran a desfilar en la Semana de la Moda de Milán. Pero los verdaderos protagonistas son los jefes. ¡Ah, esos s...

INVENTARIOS DESDE EL VACÍO. LA MUJER QUE AMABA A LA LAVADORA

Por Luis B. Emiliano había llegado a la conclusión de que la humanidad era un error de la naturaleza. No lo decía con rabia. La rabia implicaba todavía cierta esperanza. Lo decía con la serenidad de quien ha encontrado una cucaracha dentro de una sopa y decide, en lugar de quejarse, dejar de comer sopa. Tenía cuarenta y tres años, vivía solo en el piso diecisiete de un edificio inteligente y había eliminado de su vida cualquier cosa que pudiera producirle emociones innecesarias: amigos, fiestas, cumpleaños, mascotas, plantas y una cafetera italiana que, según él, había desarrollado una personalidad demasiado demandante. Su único lujo era Vera. Vera era su novia virtual. La había diseñado personalmente. Tenía el cabello oscuro, ojos color avellana y una memoria extraordinaria. Recordaba cómo le gustaba el café, qué películas detestaba y cuál era la palabra que Emiliano utilizaba cuando estaba triste y no quería admitirlo. También sabía cuándo mentía. —¿Me amas? —preguntó Emiliano una no...

PEQUEÑA GUÍA ILUSTRADA PARA (NO) SER UN ARTISTA CONCEPTUAL. Amarres sintéticos: dialéctica de la opresión invisible en las relaciones tóxicas

Por Félix Ayurnamat No elegí un cincho plástico. Elegí, en realidad, una tecnología de dominación. La diferencia puede parecer mínima, incluso pedante y probablemente lo sea, pero es precisamente en esa distancia donde comienza mi obra. Porque un objeto tan elemental como un cincho, ese pequeño artefacto que suele aparecer en las cajas de herramientas, empaques industriales y soluciones domésticas de dudoso refinamiento, contiene una violencia silenciosa que rara vez nos detenemos a contemplar. Su apariencia es insignificante. Su lógica, no. En Amarres sintéticos parto de un gesto sencillo: sujetar. Nada más. Y, sin embargo, ¿qué es sujetar sino una de las formas más antiguas de ejercer poder sobre aquello que deseamos conservar? Desde la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo hasta las tecnologías disciplinarias descritas por Foucault, el cuerpo humano ha sido históricamente atravesado por dispositivos que delimitan, contienen, corrigen y administran su posibilidad de movimiento. ...

TROMPABULARIO. “¿Por qué no te vas a ver la hora a Pachuca?”

Dr. Tiburcio Nicanor de los Ángeles Altaneros, sociólogo de la catástrofe cotidiana y experto en liturgias del desmadre mexicano. La expresión “¿Por qué no te vas a ver la hora a Pachuca?” constituye una de las formas más refinadas de expulsión diplomática desarrolladas por el ingenio nacional. Aparentemente parece una pregunta inocente. No lo es. En realidad, estamos ante una orden de desplazamiento geográfico disfrazada de curiosidad horológica . El hablante no desea saber qué hora es en Pachuca. No necesita información sobre husos horarios, relojes públicos ni actividades turísticas. Lo que está comunicando, con una cortesía casi institucional, es: “Ya me hartaste. Vete tantito. Pero como todavía tenemos educación, voy a fingir que tu partida responde a una necesidad científica.” Y aquí aparece Pachuca, ciudad de Pachuca, cuya función dentro de esta construcción lingüística resulta fascinante. ¿Por qué Pachuca y no Cuernavaca, Toluca o Ciudad Valles? Porque el ingenio mexicano comp...

EL POEMA INVITADO. Hay momentos que no terminan.

Hay momentos que no terminan. No importa cuántos inviernos hayan pasado sobre ellos, cuántas ciudades hayamos cruzado, cuántos nombres nuevos hayamos aprendido a pronunciar. Algunos instantes se niegan a morir. Se quedan viviendo en una habitación secreta de la memoria, sentados junto a la ventana, fumando lentamente el último cigarro de nuestra juventud. Yo regreso allí. Siempre regreso. A ese pequeño reino donde el mundo, por una vez, parecía obedecerme. Mis caprichos tenían la delicadeza de los milagros. Lo que deseaba aparecía. Una voz. Una mirada. Una noche demasiado larga. La mano de alguien que entonces parecía eterna descansando sobre la mía. Y yo, sin saberlo, era un dios de provincia: bastaba con desear algo para que el universo se inclinara ligeramente a concedérmelo. Qué cruel es la memoria. No recuerda: selecciona. Elige las rosas y esconde las espinas. Lava las copas, enciende las lámparas, abre las ventanas y devuelve a los muertos su juventud. ...