Por El Perrochinelo ¡Ora sí, banda, se acabó el recreo! Lo supe desde temprano porque la ciudad amaneció haciendo un escándalo de aquellos. Todavía ni salía bien el sol y ya se escuchaban portazos, claxonazos, mentadas de madre y el clásico grito de una mamá: “¡Ya levántate, se te va a hacer tarde!”. Yo soy el Perrochinelo, perro callejero, filósofo de banqueta y testigo oficial de los dramas de esta capirucha, y puedo afirmar que no hay señal más clara de que terminaron las vacaciones que ver a los chamacos caminar como zombies rumbo a la primaria o la secundaria. Ahí vienen, uniformados, peinados a la fuerza y cargando mochilas que parecen cargar los pecados del mundo. Algunos todavía traen la cara de quien no acepta que el despertador volvió a convertirse en enemigo público. Otros van brincando, saludando a sus cuates, estrenando tenis y presumiendo lonchera como si fueran a desfilar en la Semana de la Moda de Milán. Pero los verdaderos protagonistas son los jefes. ¡Ah, esos s...