Querido Félix: Sobreviví nuevamente al 10 de mayo. No sé cómo. Tal vez por puro rencor acumulado o porque Dios, en su infinito sadismo, disfruta verme sufrir en está vida. Te cuento que fui a comer con la familia materna por darle un gustito a mi santa madre, que merece todo en esta vida, incluso la humillación pública de tener una hija que llega vestida como si viniera de un velorio de poeta soviético. Pero ahí estaba yo, sentada en la mesa, viendo cómo mi tía Verónica (Si, la panista ultraderechosa, clasista y espiritualmente patrocinada por Trump) hablaba durante cuarenta minutos seguidos sobre “la decadencia de la juventud” mientras le gritaba “Oye muchacha” a la mesera de cuarenta y ocho años. Félix, yo te juro que mi tía no conversa: pontifica. Tiene ese tono de señora que cree que descubrió el capitalismo y que además lo inventó personalmente para salvar al país de los pobres. Ese día llego envuelta en lino beige, oliendo a perfume caro y resentimiento social. Traía unos le...