Por Ana Laura Alva Pulido
En Corea del Sur, la llegada de la primera nieve del año no es solo un fenómeno climático: es un acontecimiento cargado de simbolismo, memoria y esperanza. Conocida como 첫눈 (cheonnun), la primera nevada representa un momento en el que el destino parece hacerse visible, especialmente en el terreno del amor.
Cada invierno, cuando los primeros copos comienzan a cubrir templos, palacios y calles urbanas, se activa una creencia profundamente arraigada en el imaginario colectivo coreano: si presencias la primera nieve junto a la persona que te gusta, ese amor tiene altas probabilidades de florecer.
Un destino sellado por la nieve
La creencia central sostiene que la sincronía entre el clima y el encuentro humano no es casual. La nieve, efímera y silenciosa, se convierte en un sello simbólico del destino. Para muchos jóvenes —y no tan jóvenes—, compartir ese instante es una señal de aprobación cósmica, una especie de augurio romántico que trasciende la lógica racional.
Este simbolismo no surge de la nada. En la cultura coreana, los fenómenos naturales han sido históricamente interpretados como mensajes del cielo, especialmente durante las dinastías antiguas, donde el equilibrio entre humanidad y naturaleza era fundamental.
Raíces históricas: perdón, gratitud y nuevos comienzos
Durante la dinastía Joseon, la primera nieve estaba asociada con un día de gracia. Se creía que era un momento propicio para el perdón, la reconciliación y los nuevos comienzos. Las mentiras se perdonaban, las disputas se suavizaban y el año entraba en una etapa de purificación simbólica.
Este trasfondo histórico explica por qué la nieve sigue siendo vista como un elemento que “limpia” no solo el paisaje, sino también las emociones y las relaciones humanas.
El escenario perfecto para confesar sentimientos
La nieve transforma el entorno. El silencio que genera, la luz difusa y la sensación de pausa convierten cualquier espacio en un escenario íntimo. No es casual que muchas confesiones amorosas en Corea ocurran durante una nevada, especialmente la primera del año.
En un país donde la expresión emocional directa ha sido tradicionalmente contenida, la nieve funciona como mediadora: dice lo que a veces las palabras no se atreven.
De la tradición al fenómeno pop: los K-dramas
En las últimas décadas, los K-dramas han reforzado y globalizado esta creencia. Series emblemáticas como Goblin, My Love from the Star o Winter Sonata utilizan la primera nieve como símbolo de amor eterno, reencuentros imposibles y promesas que trascienden el tiempo.
Gracias a la ola coreana (Hallyu), la primera nieve dejó de ser un secreto cultural para convertirse en un símbolo romántico reconocido a nivel mundial, despertando curiosidad y fascinación en audiencias internacionales.
Más que nieve: una emoción compartida
La leyenda de la primera nieve en Corea del Sur nos recuerda que las culturas no solo se construyen con historia, sino también con emociones compartidas. En un mundo acelerado, la primera nevada invita a detenerse, mirar al otro y creer —aunque sea por un instante— que el destino puede manifestarse en forma de copos blancos cayendo del cielo.
Porque en Corea, cuando cae la primera nieve, no solo empieza el invierno: comienza la posibilidad.
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