La decepción no llegó La decepción no llegó como llegan las tragedias. No hubo trompetas, ni campanas quebrándose en el aire, ni un dios furioso arrancando estrellas del techo de la noche. Llegó como llega el polvo. Silenciosamente. Posándose sobre las fotografías, sobre los libros abiertos, sobre las promesas que alguna vez brillaron como monedas recién acuñadas. Al principio no la reconocí. Pensé que era cansancio. Una sombra pasajera cruzando los vitrales del alma. Pero una mañana descubrí que los pájaros de mis certezas habían abandonado el campanario. Y el cielo seguía allí, perfectamente azul, como un actor mediocre repitiendo su papel de eternidad. Entonces comprendí. La decepción es una ciudad que uno construye con mármol para descubrir después que estaba hecha de cartón. Es besar una reliquia y encontrar en los labios el sabor del estaño. Es escuchar una voz que parecía venir de los astros y descubrir detrás del telón a un hombre pequeño moviendo cuerdas. Durante mucho tiempo ...