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EL PETATE DEL MUERTO: La perrita de Trump y el apocalipsis que no llegó

créditos a quien corresponda


Por El perrochinelo.

Pos ora sí, resulta que el Tío Richie, don Ricardo Salinas Pliego, empresario, evasor fiscal, profeta del desastre nacional de tiempo completo y opositor honorario de todo lo que huela a 4T, amaneció con un nuevo apodo que le va a perseguir más que las pulgas a un perro callejero: "La perrita de Trump".

Y miren que en este país los apodos son más permanentes que los baches en las calles. Hay gente que lleva cuarenta años llamándose "El Chore", "El Muñeco" o "El saco de pus" sin que nadie recuerde su nombre verdadero. Así que ya se imaginarán el calibre de la maldición.

Lo más chido del asunto es que mientras el buen Richie andaba anunciando prácticamente las siete plagas de Egipto para la inauguración del Mundial, la realidad le aplicó un clásico "toma chango tu banana".

Según los agoreros del fin de los tiempos versión Twitter Premium, iba a arder Troya. Que si el Bloque Negro iba a convertir la ciudad en una película de Mad Max. Que si la CNTE iba a paralizar medio continente. Que si las calles serían un infierno, que si el gobierno iba a quedar exhibido ante el mundo, que si las langostas, los jinetes del Apocalipsis y probablemente Godzilla iban a salir del drenaje profundo.

Y pues... nel.

Nada.

La inauguración ocurrió, el mundo siguió girando, las banquetas permanecieron en su lugar y los jinetes del Apocalipsis seguramente se quedaron atorados en Periférico.

Eso sí, el único desastre verificable fue la reputación de quienes llevaban semanas vendiendo la idea del colapso inminente.

Y ojo, tampoco se trata de tragarse todo lo que diga el gobierno como si fueran croquetas fifis. Porque tampoco. En política nadie regala huesos por buena onda. Todos tienen intereses, agendas y cálculos.

Pero tampoco se vale comprar cada historia de terror que salga de los laboratorios de los odiadores.

Porque ese es el verdadero deporte nacional de nuestros tiempos: la manipulación selectiva.

Unos te venden el paraíso a meses sin intereses.

Otros te venden el Apocalipsis en cómodas mensualidades.

Y ambos esperan que consumas sin leer las letras chiquitas.

Por eso cuando uno escucha a personajes como el Tío Richie lanzar misiles diarios contra la 4T, conviene aplicar el método científico del perro callejero: oler dos veces antes de comer.

Porque entre sus críticas hay veces que aparecen verdades incómodas, problemas reales y errores gubernamentales que vale la pena discutir.

Pero también aparecen exageraciones, medias verdades, datos sacados de contexto, teorías dignas de un grupo de WhatsApp a las tías panistas y una que otra fantasía apocalíptica que haría sonrojar a Nostradamus.

El truco no consiste en creerle todo ni en negarle todo.

El truco consiste en preguntarse siempre: ¿Quién gana si yo me enojo? ¿Quién gana si yo me asusto? ¿Quién gana si yo comparto esto sin verificar?

Porque detrás de cada cruzada política suele venir escondido un interés económico, una disputa de poder o una factura pendiente.

Y ahí es donde la banda se equivoca.

Muchos creen que la propaganda consiste en decir mentiras.

No.

La propaganda más efectiva mezcla verdades, medias verdades y mentiras como si fueran ingredientes de una michelada. Así es más difícil detectar qué te estás tomando.

Mientras tanto, el Tío Richie seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer: pelearse con medio internet, anunciar catástrofes, denunciar conspiraciones, combatir a la 4T y escribir pendejadas para que las redes sociales no se aburran.

Y la banda seguirá respondiéndole con el apodo que le regalaron y que ya parece tatuaje.

Porque así es México, mis carnales.

Aquí puedes perder millones.

Puedes perder elecciones.

Puedes perder discusiones.

Pero nunca se pierde un apodo bueno.

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