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JAAB
Talla indirecta sobre piedra América dorada 90 x 60 x 43 cm 1998 |
Por Félix Ayurnamat
JAAB nace de una pregunta que sigo haciéndome: ¿en qué momento una simple piedra dejó de ser únicamente una piedra para convertirse en una herramienta, en una extensión de la mano y, más tarde, de la imaginación?
Mientras tallaba la pieza pensé muchas veces en ese instante imposible de reconstruir. Alguna persona, hace miles de años, observó una roca y descubrió que podía modificarla. No sólo cambió la materia; cambió también la manera de relacionarse con el mundo. A partir de esa acción aparecieron nuevas posibilidades, nuevas responsabilidades y también nuevas formas de transformar aquello que nos rodea.
Trabajar sobre piedra siempre me hace sentir que el tiempo tiene otra velocidad. Uno llega al taller con la intención de avanzar, pero la roca obliga a desacelerar. Cada golpe deja una marca irreversible. No existe el arrepentimiento inmediato que permiten otros materiales. Si elimino demasiado, no hay manera de devolverle esa parte. Esa condición hace que cada decisión sea más consciente. Aprendí a escuchar la piedra antes de insistir en una dirección.
Elegí la piedra América dorada precisamente por esa sensación de antigüedad que transmite su superficie. Sus pequeñas inclusiones minerales, las variaciones de color y las irregularidades naturales no eran defectos que quisiera ocultar. Al contrario, procuré que siguieran presentes. Me interesaba que el material conservará la memoria de su origen y que la talla no borrara el paso del tiempo, sino que conviviera con él.
Formalmente busqué una geometría contenida. La pieza parece sencilla, casi elemental, pero esa simplicidad fue el resultado de muchas dudas. Durante semanas moví los cortes unos cuantos milímetros. Descubrí que una pequeña variación alteraba completamente la tensión del volumen. El equilibrio no apareció cuando todo quedó perfectamente simétrico, sino cuando las diferencias comenzaron a sostenerse unas a otras.
Hay una abertura vertical que atraviesa la parte superior y una separación horizontal que interrumpe el cuerpo de la escultura. Esos vacíos me interesan tanto como la piedra misma. No representan una ausencia; funcionan como espacios donde la luz termina de construir la forma. A distintas horas del día las sombras cambian y la pieza parece modificar su expresión. Me agrada la idea de que ninguna mirada alcanza a verla exactamente igual.
Muchas personas identifican en ella una herramienta. Otras encuentran una semilla, un casco, un rostro o un objeto ceremonial. Nunca intento corregir esas interpretaciones. De hecho, me gusta cuando aparecen lecturas que yo mismo no había imaginado. Tal vez porque la experiencia también funciona así: creemos reconocer las cosas por su utilidad inmediata, pero con el tiempo descubrimos significados que permanecían ocultos.
Esta escultura habla de la habilidad humana, pero no desde la idea del dominio sobre la materia. Me interesa más ese momento de aprendizaje, cuando las manos todavía dudan y cada intento abre una posibilidad distinta. Las herramientas no sólo modificaron el paisaje; también nos transformaron a nosotros. Nos enseñaron a observar con mayor atención, a imaginar antes de actuar y a descubrir que la inteligencia puede surgir de una acción aparentemente sencilla.
Por eso JAAB no busca representar una herramienta específica. Prefiero que permanezca en ese territorio donde todavía no sabemos si estamos viendo el origen de un utensilio o el comienzo de una idea. Antes de fabricar cualquier objeto existe siempre una pregunta, una necesidad y una intuición.
Cuando deje de intervenir la piedra, tuve la sensación de que la obra continuaría trabajando por su cuenta. La luz seguirá recorriendo sus planos, el polvo volverá a depositarse sobre ella y el tiempo continuará haciendo lo que siempre ha hecho: transformar lentamente todas las cosas, incluso aquellas que imaginamos permanentes. Quizá eso sea lo que más me interesa de esta pieza. No habla únicamente de una herramienta nacida de la roca; habla sobre nosotros, de nuestra capacidad para cambiar el mundo mientras, casi sin darnos cuenta, el mundo también nos va esculpiendo.

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