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| Fuente: https://inba.gob.mx/multimedia/prensa/galerias/8671/8671-GAL-chuchoreyes-08.jpg |
Por Félix Ayurnamat
Lo primero que vemos en está obra de Chucho Reyes son dos gallos enfrentados. pero, si permanecemos unos segundos más frente a la imagen, descubrimos que la obra no está construida a partir de una descripción detallada de los animales, sino mediante un sistema de líneas, manchas y ritmos visuales que terminan convirtiéndose en nuestra mente en gallos. Esta diferencia es importante porque nos ayuda a entender una de las estrategias más características de Chucho: no representar la realidad de manera literal, sino capturar su energía.
Lo primero que vemos: una escena de confrontación
La composición presenta dos gallos ocupando prácticamente toda la superficie del papel. Ambos están orientados uno hacia el otro, con las cabezas inclinadas hacia el centro de la imagen. Esa disposición genera inmediatamente una sensación de encuentro, tensión o diálogo.
No existe un paisaje reconocible. No vemos un corral, tierra, árboles ni elementos narrativos que contextualicen la escena. El fondo es un campo uniforme de azul claro que funciona como una atmósfera abierta donde las figuras pueden desplegarse libremente.
Si uno cubriera momentáneamente las cabezas de los animales, probablemente seguiría identificando la imagen como un enfrentamiento debido a la dirección de las formas. Todo parece moverse hacia el centro. Los cuerpos se curvan, las plumas giran y las líneas convergen visualmente en el espacio donde ambos gallos se encuentran.
Este es un buen ejemplo de cómo una composición puede comunicar una idea antes incluso de que entendamos completamente qué estamos viendo.
La composición: equilibrio a través de la tensión
Los dos gallos ocupan masas visuales relativamente equivalentes. Uno se sitúa a la izquierda y otro a la derecha, creando una estructura casi simétrica. Sin embargo, la imagen nunca se vuelve rígida porque las formas son extremadamente dinámicas.
Podemos imaginar una línea vertical que divide la obra por la mitad. Los dos animales se responden mutuamente como si fueran reflejos imperfectos. Pero sus cuerpos están construidos mediante curvas irregulares que impiden cualquier sensación de orden geométrico.
La mirada entra normalmente por las crestas rojas de los gallos, que son los puntos de mayor intensidad cromática. Después recorre las líneas negras que describen las plumas, desciende por los cuerpos y vuelve a subir siguiendo los grandes remolinos de color.
En realidad, no existe un único recorrido visual. La pintura invita al ojo a desplazarse continuamente. Es una imagen circular, donde la mirada gira de un cuerpo al otro sin encontrar un punto final.
La línea como protagonista
Si tuviera que elegir un elemento formal dominante en esta obra, diría que es la línea.
Las figuras están construidas casi completamente mediante pinceladas lineales. Las plumas no aparecen descritas una por una. Son sugeridas a través de trazos largos, curvos y rápidos.
Observemos, por ejemplo, la cola del gallo izquierdo. No está delimitada por un contorno cerrado. Está formada por una acumulación de curvas negras, blancas, amarillas y rojas que generan la sensación de plumaje en movimiento.
Algo similar ocurre en todo el cuadro. Las líneas nunca son simplemente contornos. Funcionan simultáneamente como dibujo y como estructura.
En muchos momentos parece que Chucho estuviera dibujando directamente con el pincel, sin preocuparse demasiado por corregir o perfeccionar la forma. Esto produce una sensación de espontaneidad que resulta fundamental para la experiencia visual.
Cuando analizamos una obra, es importante preguntarnos: ¿la línea describe o expresa?
Aquí claramente expresa. Más que informar cómo es un gallo, transmite cómo se mueve.
El color: una fiesta de contrastes
El color es otro aspecto fundamental.
La paleta es relativamente reducida. Predominan:
Azul claro en el fondo.
Blanco en gran parte del plumaje.
Negro en las líneas estructurales.
Amarillos y ocres.
Rojos intensos en crestas y algunos acentos.
La elección del azul es particularmente interesante porque actúa como un espacio de descanso visual. Frente a la agitación de las figuras, el fondo permanece tranquilo y uniforme.
Los rojos funcionan como puntos de activación. Son pocos, pero inmediatamente atraen la atención.
El negro tiene una función estructural. Es el color que organiza el movimiento general de la pintura.
Mientras tanto, los blancos y amarillos generan luminosidad y permiten que la imagen respire.
Si vemos con atención, veremos que los colores rara vez aparecen mezclados de manera gradual. Más bien son colocados uno junto al otro mediante pinceladas visibles. Esto mantiene viva la superficie y evita que los cuerpos se vuelvan pesados.
Forma y volumen: representar sin modelar
Algo interesante es que los gallos tienen presencia corporal, pero prácticamente no poseen modelado.
En la tradición académica, el volumen suele construirse mediante luces y sombras que hacen parecer tridimensional un objeto.
Aquí Chucho trabaja de otra manera.
Los cuerpos son planos. No encontramos transiciones complejas entre luz y sombra. El volumen surge principalmente del movimiento de las líneas y de la superposición de pinceladas.
Esto acerca la obra a ciertos lenguajes populares y modernos donde la síntesis visual resulta más importante que la ilusión realista.
La pintura nunca intenta convencernos de que estamos viendo un gallo real. Busca algo distinto: hacernos sentir la vitalidad del animal.
La textura y la materialidad del pigmento
El gouache es una pintura al agua opaca. A diferencia de la acuarela, puede cubrir capas anteriores y generar colores sólidos y mates.
En esta obra podemos observar cómo el pigmento deja huellas visibles del pincel. Algunas zonas muestran una aplicación más densa y otras más ligera.
La superficie conserva cierta frescura que hace pensar en una ejecución rápida. No parece una imagen construida mediante capas laboriosas durante largos periodos. Más bien transmite la sensación de una acción directa.
Incluso las pequeñas irregularidades del trazo participan activamente en la imagen. Las correcciones, los cambios de dirección y las transparencias parciales forman parte del resultado final.
Es una pintura que no oculta su proceso de fabricación.
El espacio: una profundidad mínima
Otro aspecto interesante es la casi total ausencia de profundidad.
Los gallos parecen situarse muy cerca del plano frontal.
No existe horizonte ni perspectiva.
El fondo azul funciona como una superficie continua que empuja las figuras hacia nosotros.
Esta estrategia concentra toda la atención en la interacción entre los animales. Nada distrae de ese encuentro.
¿Qué podría significar la obra?
Siempre conviene partir de aquello que podemos comprobar visualmente.
Lo que observamos es una escena de confrontación entre dos gallos. La proximidad de las cabezas, la dirección de las formas y la energía de las pinceladas sugieren competencia, desafío o exhibición.
Sin embargo, la pintura parece menos interesada en documentar una pelea específica que en representar una fuerza vital.
Las líneas giran constantemente.
Los colores vibran.
Las figuras parecen expandirse más allá de sus propios límites.
Por momentos me da la impresión de que los gallos son una excusa para pintar movimiento. Como si Reyes hubiera encontrado en el plumaje de estas aves una oportunidad perfecta para convertir cada pincelada en un gesto libre.
También hay algo festivo en la imagen. No una fiesta narrativa, sino una fiesta visual. Los colores se persiguen unos a otros, las curvas se multiplican y la composición parece impulsada por una alegría asociada al acto mismo de pintar.
Es por eso que la obra es tan atractiva. No depende de una historia compleja ni de símbolos difíciles de descifrar. Su fuerza surge de algo más elemental: la capacidad de transformar unos cuantos trazos de pintura sobre papel en una imagen que parece moverse incluso cuando permanece inmóvil.
Cuando seguimos las líneas, observamos los contrastes cromáticos, analizamos la distribución de las masas y prestamos atención al gesto del pincel, descubrimos que gran parte del significado de una obra no está en el tema, sino en la manera en que ese tema ha sido construido visualmente.
En esta pintura, los gallos importan, por supuesto. Pero importa aún más la forma en que Reyes convierte el dibujo en movimiento, el color en ritmo y el gesto en energía. Ahí es donde realmente ocurre la experiencia estética de la obra.

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