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RUMORES. La humedad.

Por Terrornauta

La ciudad olía a drenaje abierto, gardenias podridas y gasolina húmeda. En las madrugadas de 1947, cuando la niebla bajaba desde los canales aún vivos de la periferia y reptaba por las calles del centro, la Ciudad de México parecía una criatura acostada sobre sí misma, respirando con dificultad bajo los cables eléctricos y los anuncios de cerveza.

Nadie dormía realmente.

Solo cerraban los ojos.

---

[Fragmento de libreta encontrada en la redacción de La Prensa. Papel que huele a alcohol.]

No era una mujer.

O sí.

No escribir “espectro”. El jefe odia esas mamadas.

Lo importante es el niño muerto.

El niño sí estaba ahí.

Creo.

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La primera versión dice que el periodista salió de la cantina La Ópera cerca de las tres de la mañana, con el saco oliendo a alcohol barato y tinta fresca.

La segunda versión dice que jamás salió.

La tercera asegura que lo encontraron caminando desorientado en una fuente vacía, murmurando nombres de mujeres desaparecidas recientemente.

Todas podrían ser ciertas.

Su nombre era Eliseo Varela.

O había sido.

---

(transcripción parcial de conversación entre voceadores, Bucareli, noviembre del 47)

—Dicen que el pinche Varela vio a la Llorona.

—Vio demasiados fondos de botellas, más bien.

—No, espérate… el muy cabrón estaba mojado.

—¿Mojado de lluvia?

—No estaba lloviendo.

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Hay detalles que no encajan.

Nunca encajan.

Por ejemplo: los zapatos.

Eliseo afirmaba haberlos dejado embarrados de lodo junto al canal de La Viga.

Pero el lodo que encontraron en ellos tenía un olor dulzón, casi floral, y contenía pequeñas escamas blancas que se confundieron primero con cal.

Después dejaron de parecer cal.

Luego dejaron de parecer materia.

---

[Nota  escrita ilegible / pedazo de hoja rota]

“INFANTE AHOGADO APARECE EN EL CANAL DE APATLACO”

…el cuerpo del menor fue hallado sin señales visibles de violencia. Testigos aseguran haber escuchado llantos de mujer provenientes del canal durante la madrugada. Las autoridades descartan rumores supersticiosos…

(resto faltante)

---

La ciudad cambiaba de forma de noche.

Las calles alrededor de Garibaldi parecían más largas.

Las vecindades respiraban.

Los tranvías emitían sonidos demasiado humanos al frenar.

Y siempre había agua.

Agua donde no debía haberla.

En las banquetas.

En las escaleras.

Debajo de la cama de Eliseo, aunque vivía en un cuarto del tercer piso.

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[Anotación / descrita en expediente policial]

…se escucha al sujeto repetir:

“Ella no lloraba por el niño.”

“Lloraba porque el niño la vio.”

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A veces Eliseo recordaba a la mujer.

A veces recordaba solamente el sonido.

Un sonido húmedo.

No exactamente un llanto.

Más parecido al ruido que hace una tela empapada arrastrándose sobre piedra.

En otras ocasiones juraba haberla visto bajo un farol fundido, inmóvil entre la niebla del canal.

Pero cada vez el rostro era distinto.

Vieja.

Joven.

Sin ojos.

Con demasiados ojos.

En una versión llevaba un rebozo negro.

En otra, el rostro de su madre muerta.

En otra más, el suyo.

---

[Recorte hallado dentro de una botella vacía de mezcal]

“Los canales recuerdan.”

Eso decía el papel.

Nada más.

---

Eliseo comenzó a perder tiempo.

No metafóricamente.

Había noches enteras desaparecidas de su memoria.

Despertaba en colonias lejanas sin saber cómo había llegado.

Una madrugada despertó sentado en una trajinera abandonada en Xochimilco, sosteniendo una muñeca de trapo empapada.

La muñeca lloraba.

No:

eso decía él.

---

(voz femenina reportada por vecinos de la colonia Guerrero)

“…mis hijos…”

“…mis ojos…”

“…mis aguas…”

La frase cambia según quién la recuerde.

---

Después apareció el olor.

Todos los que hablaron con Eliseo mencionaron el olor.

Agua estancada.

Lirio podrido.

Cabello mojado demasiado tiempo.

La secretaria del periódico declaró que los documentos en su escritorio amanecían húmedos aunque nadie hubiera derramado nada.

Las fotografías comenzaban a deformarse.

Las caras salían borrosas.

Como si el papel se estuviera disolviendo desde dentro.

---

[Extracto de la libreta de notas  de Eliseo]

Anoche la seguí.

O ella me siguió a mí.

No estoy seguro.

La ciudad estaba vacía pero escuchaba pasos detrás de los míos.

No ecos.

Más pasos.

Cuando volteé había agua en la calle. Mucha.

Negra.

No recuerdo canales en esa avenida.

No recuerdo esa avenida.

---

Un policía afirmó que Eliseo intentó arrancarse los oídos en plena redacción.

“Es que sigue llorando”, repetía.

Pero los demás no escuchaban nada.

Aunque algunos confesaron después que sí.

Muy bajito.

Como desde abajo de la tierra.

---

La botella empezó a cambiar.

Al principio era solo una botella de brandy barato.

Luego Eliseo aseguraba que dentro había agua del canal.

Después dijo que la botella estaba llena de cabello.

Al final ya no permitía que nadie la tocara.

“La mantiene afuera”, murmuraba.

Nunca aclaró qué era “ella”.

---

[Informe médico — Hospital Juárez / documento incompleto]

Paciente presenta delirios auditivos severos.

Insiste en que las tuberías del edificio “pronuncian nombres”.

Reacción violenta al contacto con espejos y recipientes con agua.

Durante episodio nocturno intentó sumergir la cabeza de un interno mientras gritaba:

“¡NO LA VEAS REFLEJADA!”

El resto del informe fue retirado.

---

Hay un dato que jamás pudo corroborarse.

La noche en que Eliseo aseguró haber visto a la Llorona, varios niños desaparecieron cerca de los canales de la ciudad.

Ninguno apareció.

O aparecieron demasiados.

Depende del archivo consultado.

---

[Última hoja encontrada en la máquina de escribir]

No era una mujer.

La ciudad la inventa para soportar el ruido.

Algo camina debajo del agua vieja.

Algo que usa el llanto para abrirse paso.

Creo que me llamó por mi nombre antes de que yo naciera.

Creo que sigue aquí.

Creo que la—

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