Por el Dr. Tiburcio Nicanor, Sociólogo del desmadre existencial y profesor emérito en asuntos del más pa’ allá.
Mira, cuando en México decimos “ya colgó los tenis”, no estamos informando una defunción… estamos narrando el retiro oficial de un jugador que ya no quiso seguir en la reta de la vida. Así, sin drama, sin violines, sin “lamentamos profundamente”. Aquí es más bien: “ps ya, se salió del partido y dejó los tenis colgados en el cable.”
Desde la sociología bien barrio, el tenis representa todo: la friega diaria, el correteo, el “ya casi llego”, el “ahorita voy”. Colgarlos es básicamente decir: “ya no hay pendientes, jefe, este compa ya no va a contestar ni el Whats.” Se acabó la jornada, se cerró la cortina y vámonos recio.
Lo interesante es que el mexicano no dice “murió” porque suena muy seco, muy de hospital. Aquí preferimos frases con más punch: “se petateó”, “chupó faros”, “estiró la pata”… puro eufemismo con sabor a relajo. Porque si la muerte va a llegar de todos modos, mínimo que nos agarre cotorreando el lenguaje.
Sociológicamente hablando (según yo y mis compas), esta frase sirve para no clavarse tanto. Es una especie de escudo emocional: en lugar de llorar directo, lo dices con humor negro y sigues. No es falta de respeto… es mecanismo de supervivencia chilango certificado.
Además, hay algo profundamente democrático en esto: todos, absolutamente todos, tarde o temprano vamos a colgar los tenis. Aquí no hay VIP, no hay fila preferente, no hay palancas.
Cuando alguien “ya colgó los tenis”, no es que se fue… es que terminó su turno en este desmadre llamado vida. Y uno, mientras tanto, sigue aquí… amarrándose bien las agujetas, porque todavía toca correrle.
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