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EL PETATE DEL MUERTO. Crónica de un país que se informa con memes

Por El Perrochinelo, perro analista, egresado de la banqueta y doctor en olfatear mentiras

Guau, guau, banda. Aquí su perro de confianza, el mero mero de la esquina que ya vio pasar más fake news que repartidores de Rappi. Y ahora sí se soltó el chisme: que cayó el Mencho, que lo agarraron, que se murió, que lo remataron, que revivió, que era su doble, que era un holograma… puro capítulo perdido de La Rosa de Guadalupe versión narco.

Y es que la captura y muerte del ojeis de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, se volvío el arriete para golpear al gobierno federal.  Los videos editados, las fotos todas pixeleadas y los audios de “un primo de un militar” no fallan. Ahí andan circulando como croquetas gratis, pa’que la raza se alimente de puros cuentos.

Lo más sabroso del asunto no es el rumor en sí, sino quién lo empuja. Porque de volada salen los opinadores profesionales del apocalipsis: que si el gobierno está rebasado, que si es cómplice, que si México ya es un narcoestado nivel película de acción con bajo presupuesto. Todo basado en TikToks dudosos, cuentas sin nombre y videos de balaceras de 2010 reciclados como si fueran de ayer.

Pero lo más cagado y aquí es donde este lomito se carcajea con estilo, es cómo la oposición se agarra de estas jaladas como si fueran tesis doctoral. No verifican, no contrastan, no investigan… ¡pero cómo ladran! “¡El Estado colapsó!”, “¡somos narcoestado!”, “¡el gobierno está coludido!”… todo con base en un video que parece grabado con un Nokia del 2003.

Neta, tantita madre analítica, mis opinólogos de teclado premium.

Porque aquí no estamos hablando de un error inocente, no, no. Esto es estrategia, papá. Es el arte fino del amarillismo: agarrar cualquier chispa, echarle gasolina mediática y luego soplarle con ventilador industrial pa’ que parezca incendio nacional. Y mientras la banda entra en pánico, ellos felices, como perro que encuentra hueso ajeno.

Y ahí tienes al coro de odiadores profesionales, esos que si el gobierno respira dicen que conspira. Que si hay operativo, es teatro. Que si no hay operativo, es omisión. Que si capturan, es montaje. Que si no capturan, es complicidad. O sea, el argumento es irrelevante, lo importante es chingar.

Pero ahí es donde se les cae el teatrito, mis chavos. Porque una cosa es señalar problemas reales, que los hay, y muchos,  y otra muy distinta es construir una fantasía donde todo se explica con conspiraciones chafas. Decir que el gobierno es “cómplice del narco” sin pruebas sólidas no es crítica, es chisme con aspiraciones de editorial.

Y en esa lógica de caricatura, pues claro, el gobierno ya no solo es ineficiente: ahora resulta que también es el padrino del narco, el villano final del videojuego, el Thanos de México. Ya nomás falta que digan que Andrés Manuel López Obrador es líder intergaláctico del cártel reptiliano del bienestar.

Y mientras tanto, la banda bien confundida, compartiendo todo lo que le llega como si fuera piñata de información: ¡órale, a pegarle a todo, algo ha de ser cierto! Pero no, raza. Así no funciona esto. La desinformación no solo desorienta, también desgasta el debate público, lo vuelve un circo donde gana el más escandaloso, no el más informado.

Pero aquí entre nos, banda… ¿neta creen que un “narcoestado” permitiría que todos estos críticos estén diciendo lo que quieran, como quieran y cuando quieran? ¿Dónde están los perseguidos? ¿Dónde están los encarcelados por opinar? Porque yo lo que veo es pura libertad pa’ decir barbaridad y media sin consecuencias. Eso no es dictadura, eso es sobremesa familiar con tío borracho opinando de geopolítica.

Y no, eso no significa que todo esté perfecto, ni que el tema de seguridad sea un picnic en Chapultepec. Hay broncas, claro que sí, y bien gruesas. Pero una cosa es reconocer la complejidad del país… y otra muy distinta es inventarse una película donde todo está perdido porque así conviene a sus traumas y corajes.

Porque la neta, lo que sí está peligroso no es solo la violencia, que ya es bastante, sino la desinformación convertida en deporte nacional. Esa sí está cabrona, porque no mata cuerpos, pero sí mata la posibilidad de entendernos como sociedad. Nos vuelve una bola de perros persiguiendo sombras, ladrándole a fantasmas que alguien más dibujó.

Así que ya estuvo suave de creerse cada video pitero, cada nota tendenciosa y cada hilo conspiranoico con más imaginación que rigor. Infórmense chido, contrasten, no se dejen chorear. Porque si no, vamos a seguir en este loop infinito donde México está al borde del “colapso irremediable” cada mes… y la verdad, esa sí, se queda bien enterrada.

Yo por lo pronto me voy a echar una pestañita en la banqueta, porque entre tanto mitote ya hasta me dio ansiedad perruna.

Guau. 

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