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Crónicas perras: la ciudad.

"Perrochinelo" TPS. 2024

Por Perrochinelo

¡Qué tranza, banda! Aquí su compa, su perro callejero de confianza, viene a contarles la neta de la buena sobre lo que es andar de pata de perro en nuestra querida CDMX. Porque, la neta, ¿de qué sirve vivir en esta jungla de concreto si nomás te clavas en lo mismo y no sales a cotorrear?

Primero que nada, déjenme decirles que la CDMX no es pa' cualquiera. Aquí no basta con ser un turista que se toma selfies en el Zócalo y le echa un ojo a la Torre Latino. No, mis compas, vivir la ciudad es meterse de lleno, conocer a la raza, disfrutar cada rincón y no perder la capacidad de sorprenderse.

Andar de pata de perro es un arte que pocos dominan. Hay que ser más listos que el hambre y más rápidos que un taquero en la noche. Lo chido es aventarse a conocer esos lugares que no están en las guías turísticas. Esos que solo los verdaderos chilangos conocen. Porque, la neta, no hay nada como perderse en el tianguis del barrio, echarse unas quesadillas de doña Pelos o un tlacoyo bien picoso en la esquina.

La CDMX es una caja de sorpresas, y lo mejor es que siempre hay algo nuevo que descubrir. ¿A poco no se han encontrado con esas rutinas que te sacan una sonrisa? El señor de los tamales que siempre está con su carrito a las seis de la mañana, o la doñita que vende flores en la esquina y te cuenta su vida mientras te prepara tu ramo.

Vivir la ciudad es también disfrutar de esos momentos mágicos que solo aquí se dan. Como cuando te encuentras un grupo de mariachis tocando en la Alameda Central, o cuando ves un desfile improvisado en el centro. Esos pequeños detalles son los que hacen que la vida en la CDMX sea tan especial. Porque aquí, hasta el caos tiene su propio ritmo, su propio sabor.

Y qué me dicen de la diversidad de la banda, ¿eh? En la CDMX te encuentras de todo. Desde el oficinista que corre a su chamba en el metro, hasta el artista callejero que te sorprende con su talento. Aquí nadie se aburre, porque siempre hay alguien con una historia interesante que contar, y eso es lo que le da vida a nuestra ciudad.

Pero, raza, no se vale ser de esos que nomás critican y no aportan. Si realmente queremos disfrutar de nuestra ciudad, hay que cuidarla. No sean de los que tiran la basura en la calle o se pasan el semáforo en rojo. Respeten las reglas y la raza, y verán cómo todo fluye mejor.

La CDMX es como un gran barrio donde todos somos vecinos. Hay que aprender a convivir, a respetar y, sobre todo, a disfrutar. Porque, al final del día, lo que realmente importa es sentirte parte de esta gran comunidad que es la capital chilanga. Y si no te sientes así, entonces algo estás haciendo mal.

Y no crean que vivir la ciudad es nomás estar de fiesta. También es importante aprender a relajarse y disfrutar de esos momentos de paz que, aunque no lo crean, también existen en la CDMX. Como un paseo por el Bosque de Tlalpan, una tarde en Milpa Alta, o una visita al Ajusco. Esos momentos son los que te recargan las pilas y te hacen apreciar la belleza de nuestra ciudad.

Así que, banda, la próxima vez que anden por ahí, no se limiten a ver la ciudad con ojos de turista. Métanse de lleno, conozcan a su gente, disfruten de las rutinas y no pierdan la capacidad de sorprenderse. Porque la CDMX es una ciudad que se vive, no solo se visita.

En fin, mis compas, la neta es que la capirucha es un lugar mágico y único. Aquí, cada calle, cada esquina, tiene una historia que contar. Así que no sean flojos y salgan a descubrir todo lo que esta gran ciudad tiene para ofrecer. Anden como yo, conozcan a su gente y disfruten cada momento. Porque, al final del día, eso es lo que realmente vale la pena. ¡Nos vemos en las calles!

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