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ARCHIVOS FORTEANOS. Criaturas de la CDMX

Por CEF

En la ciudad de México, el imaginario colectivo conserva vivas una serie de criaturas que, aunque no siempre aparecen grabadas en piedra o en códices, forman parte del corpus criptídico y folclórico que continúa influenciando percepciones, miedos y relatos. Estos seres, mezcla de mitología, folklore colonial y experiencias modernas, son relevantes para una revista forteana porque muestran cómo las narrativas de lo inexplicado persisten en espacios urbanos, rurales cercanos y en los márgenes simbólicos de la Ciudad de México.

Una de las criaturas más antiguas asociadas al antiguo lago de Texcoco es el ahuizotl, un ser mítico de la tradición mexica descrito como un “perro de agua” con manos prehensiles y cola prensil, que habría vivido en lagunas profundas y que se decía atraía a las personas a las orillas para arrastrarlas y devorar partes de sus cuerpos como ojos, uñas y dientes. Aunque corresponde a la cosmovisión prehispánica, su presencia está ligada al territorio que hoy ocupa la ciudad capital y sus fondos lacustres, y en el imaginario popular se le evoca como un posible “habitante oculto” de las aguas antiguas que aún descansan bajo la metrópoli. La narrativa del ahuizotl combina elementos de animales reales, como el tlacuache acuático, con una interpretación mítica que explica peligros en zonas de agua, reflejando cómo los seres legendarios pueden surgir tanto de la ecología como de la cosmología antigua.

Así mismo, en la memoria colectiva de muchos habitantes de la capital y de zonas aledañas, circulan relatos sobre bolas de fuego que se avistan en cerros o colinas como el Cerro de la Estrella en Iztapalapa. Estos fenómenos (documentados recientemente incluso en video por residentes y divulgados en redes sociales) son descritos como luces incandescentes que se mueven de manera errática en las noches, expandiendo la leyenda de brujas que se transforman en esferas de fuego para desplazarse por el cielo. La tradición oral local sostiene que estas “bolas de fuego” están asociadas a figuras femeninas con poderes sobrenaturales que, en algunos casos, eran consideradas brujas que vuelan o espíritus que rondan lugares sagrados o cargados de memoria. Aunque las explicaciones racionales podrían apuntar a fenómenos atmosféricos como el relámpago en bola o incluso artefactos luminosos urbanos, la persistencia de estos relatos evidencia cómo un fenómeno visual inexplicado puede “encarnar” en una forma legendaria dentro del folclore urbano.

Desde otro ángulo del folklore capitalino, la figura de la Tlahuelpuchi, una bruja vampírica que puede transformarse en animales o en luz flotante al caer la noche, ha sido narrada en comunidades cercanas a la Ciudad de México, como Xochimilco y el sur de la metrópoli. Esta entidad, profundamente arraigada en tradiciones rurales del centro de México, se describe como una mujer que, bajo la oscuridad, abandona su forma humana para convertirse en un ser que acecha y ataca a los más vulnerables, especialmente niños o mujeres embarazadas. La Tlahuelpuchi es, en muchos relatos, una mezcla de bruja, vampiro y nahual, cuya historia combina elementos indígenas y coloniales para crear un criptido nocturno que encarna miedos ancestrales y contemporáneos sobre la vulnerabilidad y la protección de la comunidad.

Otra figura que, si bien puede no ser exclusiva de la Ciudad de México, ha sido asociada con relatos urbanos y rurales cercanos, es la de La Lechuza, un ser mítico descrito como una enorme ave o espíritu con aspecto de lechuza monstruosa que acecha a quienes deambulan solos al anochecer. Esta criatura conocida en diversas partes de México, se menciona en relatos modernos como un presagio de mala fortuna o muerte, y aunque no existe una sola versión exclusiva de la metrópoli, su presencia en el repertorio de “criaturas que acechan la noche” refleja cómo elementos del folclore nacional se integran a la experiencia urbana y suburbana.

Más allá de estas figuras directamente vinculadas a criaturas, también están los nahuales o seres transformistas, ampliamente hablados en las zonas rurales del centro de México y que, para muchos en la periferia de la ciudad, siguen siendo parte de la cosmología popular. Los nahuales son individuos con la capacidad de convertirse en animales, como perros, jaguares o aves, o incluso en bolas de fuego, para deambular por la noche y cumplir sus fines, que pueden ir desde la protección hasta el daño. Aunque la idea del nahual es antigua y se encuentra en múltiples culturas mesoamericanas, en el área de la Ciudad de México y sus alrededores esta figura se fusiona con relatos más recientes de “seres nocturnos” cuyas apariciones han sido atribuidas a avistamientos de criaturas desconocidas o a interpretaciones de fenómenos no explicados.

Es importante destacar que, en la Ciudad de México, muchos de estos criptidos y criaturas forman parte de una “tradición narrativa viva”, donde leyendas antiguas se mezclan con experiencias modernas y testimonios urbanos. Los relatos de bolas de fuego vistos en cerros, de brujas que vuelan como luces en la noche o de seres que acechan en zonas semirrurales de la gran metrópoli no son solo cuentos; son expresiones de una cultura que no ha abandonado sus profundas raíces en la mitología mesoamericana y el miedo colectivo al misterio nocturno. En muchos casos, estas leyendas funcionan como “advertencias simbólicas”, sobre los peligros de la noche, el respeto al espacio sagrado, la protección de los niños y la convivencia comunitaria, pero también se prestan a interpretaciones fuerteanas: ¿qué fenómenos podrían estar detrás de los avistamientos de luces inexplicables? ¿Qué vestigios culturales antiguos persisten en la memoria urbana y se manifiestan como mundos entrelazados de mito y experiencia? Estas preguntas muestran que los críptidos del folklore de la Ciudad de México no solo tienen valor como narrativas tradicionales, sino también como puntos de contacto con lo inexplicado, que merecen investigación cuidadosa desde una perspectiva interdisciplinaria que combine historia, antropología, fenomenología y teoría forteana.

Los criptidos más famosos asociados al área de la Ciudad de México, el ahuizotl de las aguas antiguas, las bolas de fuego vinculadas a brujas nocturnas, la Tlahuelpuchi vampírica, las manifestaciones nocturnas de nahuales y las apariciones de aves espectrales como La Lechuza, constituyen un entramado de relatos que siguen alimentando la imaginación, el miedo y la curiosidad. 

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