![]() |
| “Xibalbá, el inframundo de los mayas”. Rina Lazo. 2019 |
Por Félix Ayurnamat
“Xibalbá, el inframundo de los mayas” de Rina Lazo
- Título: Xibalbá, el inframundo de los mayas
- Técnica: Temple sobre lienzo
- Medidas: 278 x 528.5 cm
- Año: 2019
Lo primero que percibo al observar esta obra es la enorme cantidad de acontecimientos que ocurren simultáneamente. No se trata de una imagen construida alrededor de una sola escena o de un único protagonista. La mirada debe desplazarse constantemente, encontrando personajes, animales, edificios, cuerpos en movimiento, fenómenos celestes y episodios que parecen formar parte de una narración más amplia.
Antes de pensar en significados, vale la pena observar la manera en que está organizada visualmente. La composición tiene un fuerte desarrollo horizontal. Nuestra mirada recorre la pintura de izquierda a derecha casi como si estuviera leyendo una historia ilustrada. Sin embargo, al mismo tiempo existe una estructura vertical muy clara que divide el espacio en distintos niveles.
En la zona inferior aparecen aguas oscuras, embarcaciones, animales y figuras asociadas a espacios subterráneos o de tránsito. En la franja central se concentra la mayor parte de la acción humana: encuentros, desplazamientos, rituales y escenas narrativas. Finalmente, en la parte superior encontramos templos, cuerpos celestes y fenómenos astronómicos que expanden la escena hacia una dimensión cósmica.
Algo importante es que estos niveles no están completamente separados. Los personajes, animales y elementos arquitectónicos parecen conectar constantemente unas zonas con otras. La pintura no muestra mundos aislados, sino un sistema de relaciones donde lo terrestre, lo acuático y lo celeste permanecen vinculados.
Cuando analizamos una obra tan compleja, conviene prestar atención a los recorridos visuales. Aquí la artista utiliza numerosos gestos, diagonales y direcciones corporales para conducir nuestra mirada. Los brazos extendidos, las serpientes ondulantes, las embarcaciones y las escalinatas funcionan como caminos visuales que nos llevan de una escena a otra. Aunque la imagen contiene muchísima información, rara vez se siente caótica porque estos recorridos ayudan a organizar la lectura.
El color desempeña un papel fundamental. Predominan los ocres, rojizos, anaranjados y cafés que generan una sensación de unidad visual. Más que utilizar colores radicalmente distintos para cada zona, la artista construye variaciones dentro de una misma atmósfera cromática. En algunos sectores aparecen verdes y azules que introducen pausas visuales y ayudan a diferenciar áreas relacionadas con el agua o la vegetación.
Observar cómo funciona el color puede enseñarnos mucho sobre el análisis visual. Los tonos cálidos suelen avanzar hacia nuestra percepción y atraer la atención, mientras que los tonos más fríos generan espacios de descanso para la mirada. Aquí ambos recursos se equilibran constantemente.
Las figuras humanas presentan contornos firmes y claramente definidos. La línea tiene una función estructural importante: delimita formas, separa escenas y da claridad a la narración. Incluso cuando las composiciones son densas, los personajes siguen siendo identificables gracias a ese dibujo preciso.
También resulta interesante observar la manera en que se construye el volumen. Las figuras poseen cierta tridimensionalidad, pero la artista evita una ilusión espacial completamente naturalista. Los cuerpos tienen peso y presencia física, aunque continúan integrados en una superficie que nunca deja de recordarnos que estamos frente a una pintura. Esta combinación genera una sensación cercana tanto a la tradición muralista como a ciertas formas narrativas presentes en la iconografía mesoamericana.
El espacio funciona de una manera particular. No parece obedecer a una perspectiva única ni a un punto de vista fijo. Distintas escenas conviven dentro del mismo campo visual y cada una tiene su propia importancia. Esto provoca que el espectador no observe la obra desde un solo lugar imaginario, sino que recorra múltiples situaciones simultáneamente.
A medida que vemos la pintura, tenmos la impresión de estar frente a una representación donde la vida, la muerte, la naturaleza, los astros y las acciones humanas forman parte de un mismo ciclo. Esta idea no surge únicamente del tema representado, sino de la manera en que todos los elementos aparecen conectados visualmente. Los animales se relacionan con los personajes, los cuerpos celestes dialogan con los acontecimientos terrestres y las aguas inferiores parecen prolongar procesos que continúan en otros niveles de la composición.
Si conocemos las tradiciones mayas asociadas a Xibalbá, es posible reconocer referencias al viaje de los héroes míticos, a fenómenos astronómicos o a episodios rituales. Sin embargo, incluso sin identificar cada personaje o cada episodio, la pintura comunica una visión del mundo donde las fronteras entre los distintos ámbitos de la existencia parecen mucho más permeables de lo que suelen ser en las representaciones occidentales modernas.
Quizá uno de los aspectos más logrados de la obra sea precisamente esa capacidad para presentar una enorme complejidad sin perder claridad visual. La pintura pide ser observada lentamente. Cada vez que volvemos a recorrerla encontramos una figura, un gesto o una relación que había pasado por alto. Más que ofrecer una escena para contemplar de un solo mirada, Rina propone una experiencia de exploración, donde mirar con atención es una forma de comprender cómo una cultura imaginó las relaciones entre el cosmos, la naturaleza y la experiencia humana.

Comentarios